Las muertes correctas
Por supuesto que hay muertos malos. Indeseables. Por pudor, decencia o agüero (miedo a que “jalen las patas”), más vale no mencionarlos ni maldecirlos. Porque “no pueden defenderse”, porque merecen “descansar en paz”, porque ya retornaron al “polvo elemental que nos ignora”...
Pero ¿existen las muertes correctas? ¿Por qué algunas muertes no son dignas de la mirada de los jóvenes y niños según el criterio de algunos adultos? Muchos no se arriesgan a que sus hijos vean un noticiero o un documental para evitarles la perversión del sufrimiento, las imágenes de esta Colombia violenta; en cambio, despliegan su plumaje cual pavo real cuando sus retoños derraman lágrimas ante guerras ficticias, héroes del séptimo arte paridos por la imaginación de libretistas con mansión en Beverly Hills. (“Es que mi niño es tan sensible...”).
¿Podríamos considerar que nuestros hijos, menores de edad, asistieran a ‘El silencio de los fusiles’? ¿Estaríamos dispuestos a permitir que frente a sus ojos pasaran las imágenes de guerra y muerte (muy escasas) de la obra de Natalia Orozco? ¿Este documental está dirigido a los mayores que despedimos la guerra que nos tocó vivir o a los niños y jóvenes que saludan un nuevo proyecto de país que tienen el deber de construir y proteger?
Por su exhibición en salas comerciales, ‘El silencio de los fusiles’ fue precedido por avances de películas de muertes correctas, de las que todos podemos ver: ‘El planeta de los simios: la guerra’ y ‘Dunkerque’.
La narración hace un flash back hasta La Violencia de los Chulavitas, pasando por el discurso de posesión de Santos en agosto del año 2010, cuando pidió un aplauso para el presidente al que sucedía. A la efusiva ovación le siguió un guiño: “Yo tengo la llave de la paz”. Transita por los grandes tropiezos del proceso: la Operación Odiseo, la muerte de Alfonso Cano, el secuestro del general Alzate, el detestable canto de “Quizás, quizás” en Oslo, el triunfo del “No” en el plebiscito...
La dificultad que representa negociar con una guerrilla que no quería aparecer como derrotada. Que no fue derrotada.
Tal vez, la precisión en el lenguaje de Humberto de La Calle Lombana permite entender el espíritu de estos acuerdos de paz, cuyo origen sin duda reside en la distribución de la tierra y cuyo objetivo fundamental es el ejercicio de la política sin armas: “No vinimos a convencernos mutuamente. Esto es un esfuerzo concreto, práctico”.
¡Que miren sus muertes a la cara (aunque no se trate de simios ni de soldados británicos)!: ‘El silencio de los fusiles’ tiene que llegar a los más jóvenes. Su público primordial está en las instituciones educativas, colegios y universidades. En ellos debe anidar una certeza: no pueden repetir esta historia. En sus manos está la restauración, la construcción de una sociedad solidaria, protectora.
‘El silencio de los fusiles’ tendrá un segundo aire: funciones los días 27, 28, 29 y 30 de julio a las 11:00 a. m. y 2:00 p. m. en las salas de Vizcaya y Oviedo.