Columnistas

Las noticias y las trizas

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13 de marzo de 2019

Las noticias tienen dos edades. Nacen y son niñas cuando estallan en titulares. A continuación, viene el pugilato. Su contenido exprime el cerebro de los analistas y encrespa las rabias de los bandos. Esta es su segunda edad. Finalmente mueren, se acumulan en el cementerio de las emociones.

Hasta no hace treinta años las noticias eran longevas. Persistían en una vitalidad de comentarios y tertulias, incluso durante quince días. La humanidad no tenía tantas distracciones y se engolosinaba rumiando el mismo dulce. Poco a poco esta sobrevivencia se angostó.

De tres días, el runrún de las noticias pasó a uno. Hoy no hay tiempo determinado, las buenas o malas nuevas nacen y mueren en instantes, abolidas por escándalos de mayor impacto. Se transformaron en fuegos artificiales que estallan, alumbran como luciérnagas y fenecen bajo el relumbre del siguiente cohete.

¿Qué queda después de semejante agonía? Un sedimento, una sumatoria de sensaciones sordas cuya naturaleza pocos logran comprender. ¡Aquí está el peligro! Porque hay cerebros que conocen la caducidad de las noticias y calculan el efecto final de su transcurso. Entonces, aprenden a proporcionarlas en medidas premeditadas.

Obviamente las noticias surgen de los acontecimientos y estos no son fácilmente programables. Pero mentes hábiles son capaces de darle dimensión a lo insignificante y de anular lo que de verdad pesa. El mundo contemporáneo es una feria variopinta en la que cualquiera puede pescar a su gusto.

En el momento en que este procedimiento entra en la órbita de los intereses generales, las noticias se convierten en asunto político. Los políticos de oficio contratan a expertos en manosear los gustos, las iras y los miedos de las multitudes. Estos expertos contratan a los controladores de las máquinas binarias y estos cierran el círculo confeccionando escrupulosos productos mediáticos.

De esta manera las noticias niñas, las de segunda edad, las longevas, las de un día, las perecederas, todas las noticias, fraguan a martillazos el pensamiento y el turbio flujo sentimental de la gente. En medio del tráfago de las informaciones un país se transforma en un nudo de nervios, en un costal de alacranes.

Y el tris de paz del año anterior se fragmenta, como las trizas de la tranquilidad pública.