LAS OBRAS DE MISERICORDIA EN EL AÑO JUBILAR
Las Obras de Misericordia son acciones caritativas con las cuales ayudamos a nuestro prójimo en sus necesidades corporales y espirituales. El papa Francisco nos exhorta diciendo: “Es mi vivo deseo que el pueblo cristiano reflexione durante el Jubileo sobre las obras de misericordia corporales y espirituales”. Una sencilla reflexión de cada una para que las apliquemos este año que inicia:
Corporales
Dar de comer al hambriento y de beber al sediento: La ayuda que podemos dar en alimento o en dinero a los necesitados. Los bienes que poseemos, ¡si son bien habidos!, también nos vienen de Dios.
Dar posada al necesitado: En la antigüedad el dar posada a los viajeros era asunto de vida o muerte, por lo complicado y arriesgado de las travesías. Hoy podríamos abrirles nuestros hogares a aquellos que hemos rechazado, aun siendo familia.
Vestir al desnudo: Esta obra de misericordia se nos facilita con las recolecciones de ropa. Recordar que no es dar lo que está ya como para botar o para convertir en trapos de limpieza.
Visitar al enfermo: No se trata de visitas sociales, por cumplir. Se trata de una verdadera atención a los enfermos y ancianos.
Socorrer a los reclusos: Implica visitarlos y darles ayuda material y asistencia espiritual.
Enterrar a los muertos: El más famoso muerto enterrado y en una tumba que no era propia fue el mismo Jesucristo. José de Arimatea facilitó una tumba de su propiedad para el Señor.
Espirituales
Enseñar al que no sabe: Consiste en enseñar al ignorante sobre temas religiosos o cualquier otra cosa de utilidad. Puede ser a través de escritos o de palabra, o directamente.
Dar buen consejo al que lo necesita: El consejo debe ser ofrecido, no forzado. Y la mayoría de las veces es preferible esperar que el consejo sea requerido. Quien pretenda dar un buen consejo debe estar en sintonía con Dios.
Corregir al que está en error:
No se trata de estar corrigiendo cualquier tipo de error. Esta obra se refiere sobre todo al pecado. Debemos corregir a nuestro prójimo con mansedumbre. Una corrección ruda puede tener el efecto contrario
Perdonar las injurias: Perdonar las ofensas significa que no buscamos vengarnos ni tampoco conservamos resentimiento al respecto. Significa tratar a quien nos ha ofendido de manera amable.
Consolar al triste: El consuelo para el triste o deprimido se asemeja al cuidado de un enfermo. Y es muy necesario, pues las palabras de consuelo en la aflicción pueden ser determinantes.
Sufrir con paciencia los defectos de los demás: La tolerancia y la paciencia ante los defectos ajenos es virtud.
Orar por vivos y difuntos: La oración por los demás, estén vivos o muertos, es una obra buena. San Pablo recomienda orar por todos, sin distinción