Las palabras para descrestar
Los tiempos modernos trajeron consigo el afianzamiento de palabras que vistas bajo el rigor de filólogos y escritores experimentados (que cabe citar) suenan huecas, aparatosas, redundantes, acartonadas e incluso ridículas.
La primera que se debe mencionar, y que tiene un lugar destacado y reiterado en los discursos de funcionarios y filipichines empresariales, es “problemática”. Ya no hay problemas. Todo es una problemática. Así, con ese tono ampuloso, rimbombante.
Según el diccionario abreviado de María Moliner, problemática es un conjunto de problemas que afectan a un asunto. Pero la categoría se usa sin distingo. La problemática del parqueo en los supermercados, por ejemplo. O la sugerencia para que el mensajero de la empresa arregle su problemática con el mofle de la moto, que suena muy duro.
Otra de esas palabrejas de rinrines renacuajos muy tiesos y muy majos es “visualizar”. Ya no se ve nada. Se asume que solo se da la acción de ver los asuntos, con agudeza y perspectiva, si se plantean desde la palabra “visualizar”. Lo demás es miope, carente de una comprensión inteligente de los sentidos y los hechos.
Y qué decir de otras expresiones de la más inflada tecnocracia como “coadyuvar”. Tiene sinónimos mucho más directos y sencillos: ayudar, cooperar, colaborar. Pero es difícil encontrar algún mando medio empresarial que no les diga a sus dirigidos: “coadyuven, pues”. Y los trabajadores se quedan mirando con el signo de interrogación en la frente: “¿Este man qué quiere?”.
Esa retórica rebuscada no conoce límites. Incluso, inventa palabras. He hablado numerosas veces con mi vecino de jornadas laborales, el lúcido abogado Felipe Velásquez, sobre términos que se cuelan en el idioma y que logran, sin remedio, contaminarlo. De niño escuchaba siempre a un comentarista deportivo de Manizales cuya verborrea “grecocaldense” era irreductible: “el Once ha tenido hoy numerosas afugias en la cancha”. ¿Afugias?, reprochaba mi padre. Esa palabra no figura ni en los diccionarios de colombianismos. Pero, entonces, se puso de moda. Nadie se preguntó.
Hoy, los periodistas jóvenes mantienen sus teclados listos para disparar: el verbo realizar les sirve para todo. Aunque no se trate de un lugar sino de situaciones, personas y tiempos, ellos siempre escriben “donde”: “el discurso del presidente, donde abundaron los calificativos”. Y, lean, el verbo de moda: “evidenciar”.
La lista es larga. A los lectores les pido que remitan sus apuntes y, en algún momento, publicamos la lista. Por ahora, quedemos en que la sencillez no significa pobreza. Y que ser directos es ser eficaces.