Columnistas

LAS VÍCTIMAS PERDONADAS

Loading...
02 de octubre de 2016

En medio del despliegue mediático observado en las celebraciones del pasado lunes 26, cuando la dulce mermelada de los millones de dólares obtenidos con la impagable deuda externa se paseó a lo largo y ancho del territorio, llamó la atención la forma inesperada como el Comandante de las Farc Rodrigo Londoño Echeverri (a. Timochenko) se refirió a los sacrificados, adrede seleccionados para la ceremonia purificadora: “...ofrezco sinceramente perdón a todas las víctimas del conflicto por todo el dolor que hayamos podido causar en esta guerra”. ¡Son las palabras textuales del nuevo colombiano egregio!

Así las cosas, si no traicionamos nuestro bello idioma, el líder de la agrupación criminal –ahora convertido en dirigente de una legión de querubines con la cual, como en nuestros sueños infantiles, todos podremos fantasear a diario– no dio disculpas a los afectados y, por ende, en contra de lo que dijo desesperada la gran prensa, no proporcionó muestra alguna de arrepentimiento y, mucho menos sincera, como para conmovernos hasta el punto de que, cual la “primera Dama” del dictador de la naciente República bananera, pudiésemos derramar algunas lágrimas de esas que también vierten los cocodrilos.

Lo que Timoleón Jiménez, con el corazón en la mano –usó el adverbio “sinceramente” y habló del dolor compartido–, hizo fue absolver a las víctimas: les “ofrezco...perdón”. Y ellas quedaron dispensadas, tal vez por incomodarlo cuando él hacía trepidar las ametralladoras; este es, pues, el primer proceso de paz en el mundo en el cual los criminales de lesa humanidad indultan a los inmolados. Y, quede claro, no son disquisiciones lingüísticas de algún jubilado, sino las manifestaciones de un acto fallido freudiano.

¡No! Hablo del empleo de la misma técnica usada por la maquinaria oficial para manipular a la opinión pública. Se dicen verdades a medias o mentiras monumentales con el rótulo de afirmaciones aplastantes, que tocan la sensiblería de las masas, como la contenida en la ya célebre pregunta del “plebiscito” en la cual se nos invita a “apoyar” los “acuerdos” (la nueva constitución con estatus supranacional) cuando es lo cierto que hoy estamos convidados a “aprobar” el engendro del abogado Santiago con sus aderezos domingueros; además, a aportar a la arqueología jurídica constitucional una pieza que cambiará los rumbos de esa disciplina porque, sin ser teóricos, logramos tornar un referéndum en plebiscito. ¡Gracias Juan Carlos Henao y Manuel José Cepeda!

Por supuesto, al reconocerles a Santos y sus camaradas la habilidad para el manejo de los medios de comunicación y la propaganda política de Estado, cual Mussolini en la plaza pública, también tenemos que posar nuestros ojos sobre otro opaco espectáculo observado en La Heroica. Hablamos del dispensado por el expresidente Álvaro Uribe Vélez quien, en las afueras de un conocido restaurante cartagenero, micrófono en mano y con voz apagada (¡no era el alumno de derecho que vimos vibrar en las asambleas estudiantiles de la Universidad de Antioquia, hace cuarenta años, cuando al menos era liberal!) invitaba a votar “NO” acompañado, según los vaticinios, de su próximo candidato presidencial.

Sí, hablamos del Torquemada que, por casi ocho años, se adueñó de la Procuraduría y quien, en medio de sus tartamudeos (no tan visibles como los de James Rodríguez), se lanzó al ruedo; por supuesto, en este humilde acto político faltó Andrés Pastrana Arango quien, al no lograr la cita con Timochenko, quedó más quemado que plancha de manicomio.

La comedia, pues, continúa. Y la harmonía, esa que añoramos los colombianos, no los de los anuncios oficiales, no aparece. Es que la verdadera paz, dijo William Ospina Buitrago hace unas semanas con profunda inteligencia –sin su habitual pedantería–, “son los cambios”; también expresó: “he visto más júbilo en las calles con el triunfo en un partido de fútbol que con este supuesto comienzo de un nuevo país” (El Espectador, 26-06-2016). ¡A nosotros nos pasa lo mismo: hemos presenciado como los patibularios perdonan a sus víctimas!.