LEBRON JAMES Y LA FALACIA DE LA SUPERESTRELLA
Por WILL LEITCH
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Will Leitch es corresponsal nacional de MLB.com, editor colaborador de la revista New York, colaborador de Sports Illustrated y fundador de Deadspin.
Al igual que muchos fanáticos de los deportes, defino eras de mi propia vida de acuerdo con las superestrellas deportivas que las dominaron. En la escuela secundaria, fue Joe Montana; en la universidad, Michael Jordan; después de la universidad, Barry Bonds. Las progresiones de sus carreras se convierten en nuestras historias y tramas que se desenvuelven a lo largo de muchos años felices y ocasionalmente ansiosos.
La gran estrella de hoy es LeBron James, que es tan grande que puede llamar al presidente “bobo” y apenas recibe un tweet enojado como respuesta. James es la estrella trascendente de esta era. Sin embargo, él está en problemas. Todo se debe a lo que yo llamo la falacia de la superestrella.
Los Cleveland Cavaliers de James van perdiendo contra Boston Celtics 2 a 0 en su enfrentamiento en las Finales de la Conferencia del Este. Esto a pesar del hecho de que durante la temporada, los Celtics perdieron a sus dos mejores jugadores, Kyrie Irving y Gordon Heyward, por lesiones. Una pérdida en la serie sería casi sin precedentes para James; en sus últimas siete temporadas, tanto en Cleveland como en Miami, sus equipos alcanzaron unas absurdas siete finales consecutivas de la NBA. Tres terminaron con James alzando el trofeo de campeonato de Larry O’Brien.
Pero James tiene quizás menos talento a su alrededor del que ha tenido en una década, y está empezando a mostrar la tensión, jadeando visiblemente al final de largas noches llevando la carga completa de su equipo sobre sus hombros. Si esta es su última temporada en Cleveland, como lo sospechan tantos observadores de la N.B.A., su gira “De Vuelta a Casa” terminará en discordia, agotamiento y derrota. Es hora de alerta roja.
Lo extraño, e inusualmente frustrante, de esto es que LeBron James está teniendo el mejor año de su carrera. James, que muy bien podría ser el mejor jugador de baloncesto que jamás haya vivido, nunca ha sido mejor que en este momento. Él ha anotado 40 puntos cinco veces en esta postemporada, la más alta de su carrera, una de las cuales también fue un triple doble. Marcó un récord personal en rebotes promedio y asistencias esta temporada, con su promedio más alto en ocho años. Por primera vez jugó los 82 juegos, y lideró a la N.B.A. en minutos jugados por juego por segundo año consecutivo. Su valor sobre el jugador reemplazo, una estadística de la cual ya es el máximo líder de todos los tiempos, fue la más alta de la N.B.A. este año, la primera vez que lo hizo desde 2013. Este es LeBron en su fina.
Si los Cavaliers pierden ante los Celtics, nadie dirá “Kevin Love se quedó corto”. “Ellos dirán que LeBron James lo hizo. En 10 años, no recordarás que Jordan Clarkson y Rodney Hood alguna vez jugaron para los Cavaliers, pero recordarás el año en que James no pudo conservar su racha de finales en la N.B.A. La historia tiene una forma de recordar esto como únicamente sobre los hombros del nombre en negrita. Este fracaso será de James.
Y esa es la falacia de la superestrella, la tendencia que tenemos de enmarcar las derrotas del equipo como culpa del mejor jugador en lugar de todos los compañeros de equipo inferiores junto a él, de quien es la culpa en primer lugar. Es una ilógica básica, la tendencia a centrarse en los errores de la estrella delantera en lugar de los innumerables más cometidos por jugadores menores con limitaciones obvias. No será culpa de James si los Cavaliers pierden; será de Jeff Green, Larry Nance Jr. y George Hill. Sin James, este equipo de Cavaliers sería uno de los cinco peores de la N.B.A. Con él, están a un paso de la final.
Me pregunto si esto, como mucho sobre la cultura de la superestrella atlética, se remonta a la de Michael Jordan