Leonel Estrada,
el nefelibata
¿Cuál fue la preocupación existencial que lo motivó a escribir este libro donde su abuelo aparece por todos lados? Palabras más, palabras menos, esta fue la pregunta central que hizo el curador José Ignacio Roca al empresario y ahora escritor Martín Nova, nieto de Leonel Estrada.
El escenario fue una terraza de primer piso al fondo de la kilométrica sala de exposición en Artbo, la feria de arte en Bogotá, el jueves pasado. Novecientas páginas con entrevistas a artistas plásticos necesitó Nova para resolver la encrucijada del alma.
Estrada, quien cumplirá cinco años de fallecido la semana entrante, no alcanzó a figurar entre las voces de “Conversaciones con el fantasma”, editorial Crítica. Su nieto, eso sí, recibió una siembra múltiple desde niño cuando iba a la casa-pinacoteca-museo-taller-taberna del hombre que le mostró a Medellín un arte más allá de bodegones y paisajes.
Lo veía pintar con varias técnicas, moldear cerámica, esculpir, irrumpir en arte abstracto, escribir poemas y logografismos o palabras con formas tomadas de sus letras. Supo de sus tertulias extendidas con el top de los artistas contemporáneos. ¿Qué comía ese abuelo misceláneo, qué se untaba?
De modo que el escritor respondió al curador: quise resolver el enigma de un polifacético, averiguar si habría sido mejor dedicarse a una sola cosa. ¿Qué clase de poeta habría sido mi abuelo, de haberse concentrado en la poesía?
Pues bien, en 1975 Estrada publicó “El camino sigue abierto” donde aparecen sus primeros poemas sobre nubes, viajes, atardeceres, vuelos. Eran experiencias que lo vivificaban. Uno de ellos, “Prisionero”, es metáfora de esta preferencia:
“Me es difícil moverme/ estoy limitado/ por el frente y por detrás/ a la izquierda una ventanilla/ me deja ver paisajes inalcanzables/ a mi derecha dos personas/ detienen mi salida./ El ruido aturde/ el humo fastidia mis ojos/ soy el número treinta y ocho/ prisionero de Air France/ con destino a París”.
¿Cómo se llama quien vive en las nubes o quiere hacerlo? Nefelibata. Eso fue el creador de las Bienales de Arte de Medellín. Un prisionero del forro metálico de la nave que lo cortaba de la totalidad.
Con razón el director de teatro Cristóbal Peláez afirmó en 1987 que a Leonel Estrada “da la impresión de que le faltara vida para realizar lo que tiene en la mente”.