LES HABLABA CON AUTORIDAD
Jesucristo inició su vida pública en Cafarnaúm, centro de la industria pesquera de la región de Galilea, a orillas del Lago Tiberíades (Marcos 1, 21-28). Allí, en la sinagoga, donde se reúnen los judíos para orar, escuchar las sagradas escrituras y ser instruidos en ellas, lo primero que les llama la atención a sus oyentes es que aquel galileo proveniente de Nazaret, una aldea insignificante, no les habla como sus maestros tradicionales, que no eran creíbles porque su vida no era coherente con lo que enseñaban.
Jesús, en cambio, invita a reconocer a un Dios cercano siempre dispuesto a liberarnos de las fuerzas del mal. Y lo que predica lo aplica en su forma de obrar, mostrando que en Él mismo se hace presente la acción salvadora de Dios. Este es el sentido del relato del milagro obrado por Jesús en la sinagoga de Cafarnaúm.
El término “espíritus impuros”, que corresponde a los llamados “demonios”, considerados como fuerzas malignas, podemos entenderlo hoy como una forma de denominar las llamadas “energías negativas”. Al sanar a aquel hombre dominado por esas energías, Jesús muestra que tiene el poder de vencer el mal que nosotros no podemos controlar por nuestras propias fuerzas.
Dios le había prometido a Moisés 12 siglos antes de Cristo: “Suscitaré un profeta de entre tus hermanos, como tú” (Deuteronomio 18, 15-29). “Profeta” es en el lenguaje bíblico el que habla en nombre de Dios, y Moisés había sido escogido por Dios para que le hablara al pueblo de Israel, comunicándole que Él lo liberaría de la esclavitud que padecía en Egipto para que se pusiera en camino hacia una tierra prometida. Esta liberación y esta apertura hacia un nuevo porvenir fueron una prefiguración de lo que iba a suceder con la predicación y la acción salvadora de Jesús, el Profeta por excelencia que como tal le hablaría en nombre de Dios, siendo Él mismo su presencia personal en la historia humana.
Por lo tanto, quien reconoce a Jesucristo como verdadero Maestro, no se cierra a sus enseñanzas como lo hicieron los soberbios que lo rechazaron, sino que se deja transformar con humildad por la acción de su Espíritu Santo, que tiene el poder de vencer las fuerzas del mal.