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Líderes y organizaciones para entornos VUCA

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30 de junio de 2016

Es octubre de 2016, solo cuatro meses adelante. Su empresa va a realizar la planeación estratégica para el siguiente ciclo de dos o de cinco años, no importa. O simplemente el presupuesto para el siguiente año. Tampoco es crítico si usted es el responsable del proceso o simplemente un participante que después deberá llevar dichas construcciones para su propio plan de trabajo en su área o unidad de negocios.

¿Qué supuestos va a considerar? ¿Se firma o no la paz con las FARC? ¿El plebiscito se aprueba o no? ¿Qué impacto tendrá eso en la economía, en las leyes laborales? ¿Quién gana en las elecciones en Estados Unidos, Trump o Hillary? ¿Qué políticas y acciones traen consigo? ¿Qué pasa con el dólar? ¿Y el Brexit? ¿Habrá un nuevo referendo? ¿Qué impacto trae en el resto de la Unión Europea? ¿Y el Euro, y nuevamente el dólar?... Podría seguir así enunciando cosas. Y eso que no he mencionado las nuevas generaciones en el trabajo y lo que esperan de una empresa o la llegada de nuevos competidores y la salida de otros; o qué pasa si a su sector de negocios llega un Uber o un Airbnb que cambie totalmente el modelo de negocios.

Con todas estas variables, tendría que desarrollar muchos posibles escenarios, asignarles probabilidades de ocurrencia, que no son más que un saludo a la bandera y un engaño mental (por no decir una palabra un poco más cruda) con base en otros supuestos que vienen del pasado, pero no de un futuro emergente que plantea condiciones y velocidades muy diferentes.

Así que bienvenido a un mundo VUCA (o VICA en español: volátil, incierto, complejo, ambiguo), un término que algunos habrán leído en artículos de negocios en los últimos meses –aunque nace en los años 90 del siglo pasado– y que suponían bastante lejano, en tiempo y distancia. Pero está aquí, hoy, así sigamos queriendo responder con paradigmas, formas de pensar y actuar de un mundo estable, predecible, explicable y controlable.

Esto plantea otros retos para las organizaciones, y no se trata de dejar de hacer lo que hoy se hace. Eso sigue siendo válido para muchos de los retos del día a día en las empresas. Pero sí implica incluir otras formas de pensar y de actuar, tanto a nivel organizacional como a nivel individual, más adaptables, más conectados con nuestro interior, con el entorno y con el presente, más ágiles, más conscientes, con más interacción y construcción con otros, adentro y afuera de la empresa.

El espacio es escaso para entrar a detallar qué y cómo hacerlo, pero sí pretendo, por ahora, abrir la mente de nuestras empresas y líderes, centrados hoy en un corto plazo en el que cada vez se dificulta más el logro de resultados, sin ver de manera más amplia y sistémica –y responsable– que se requiere pensar diferente para generar resultados diferentes, sostenibles y deseados para todos.