Columnistas

Liu Xiaobo, silencio cómplice

Loading...
19 de julio de 2017

Uno de los más monstruosos lunares en la dinámica política China lo constituye el encarcelamiento de uno de los más destacados defensores de la democracia de los últimos tiempos. Lui Xiaobo, un destacado académico, estuvo prisionero durante 8 de los 11 años a los que fue sentenciado en la China comunista por haberse convertido en el más protuberante de los batalladores por las libertades en su país. El crimen que le valió la prisión y posteriormente la muerte, fue su solicitud escrita a favor de la democracia a raíz de las protestas de la Plaza Tiananmen en 1989, en la que centenares de ciudadanos pagaron con su vida los justos reclamos por las libertades.

El líder de las libertades fue acallado por el régimen comunista, su familia amenazada, sus mensajes y escritos digitales intervenidos y durante el último lustro se censuró cualquier manifestación pública de simpatía de parte de sus seguidores. La esposa del académico fue confinada igualmente a una prisión domiciliaria que le impidió acercarse a su marido en prisión hasta que, declarado enfermo de cáncer terminal, fue recluido un mes antes de morir en un lejano hospital de la vasta geografía china. Apenas Lui Xia pudo sostener su mano para su tránsito a otro mundo y fue portadora de sus cenizas al mar como parte de un benévolo gesto de sus carceleros.

La inhumana prisión de este vocero de los derechos universales tuvo lugar calladamente y con la complicidad pasiva del resto de los gobiernos del mundo libre. Fueron numerosos los escritos y peticiones de figuras prominentes para reclamar justicia de cara a los desaguisados criminales del gobierno y del Partido Comunista. Sin embargo no hubo un gobierno en los años en que China se puso de moda, que elevara un reclamo formal por la más abyecta injusticia padecida por este hombre y sus familiares cercanos.

La comunidad internacional parecía autocensurarse en torno a este tema. Ni siquiera cuando Liu recibió el premio Nobel de la Paz en 2010 y su silla permaneció vacía, se organizó una cruzada mundial para condenar a China a pesar de lo notorio y reprobable de la ruptura unilateral de relaciones diplomáticas entre Pekín y Oslo.

No ha sido temor a una retaliación económica china lo que ha prevalecido en este letargo cómplice de los gobiernos frente a un tema que les atañe de cerca y que los amenaza peligrosamente. Una especie de indolencia negligente y generalizada es la que ha permitido que Xi Jinping, mientras visita el mundo entero blandiendo el estandarte de los negocios, mientras cabalga los cuatro puntos cardinales ofreciendo financiamiento e inversiones y acuerdos comerciales y de cooperación a granel, haya considerado los valores democráticos un tema accesorio y se haya hecho parte del ensañamiento que llevó a la muerte a este adalid de la batalla por los derechos y libertades de sus connacionales.

Ganarse un puesto destacado en el mundo de hoy, como el que aspira el mandatario Xi debe requerir más que de buena voluntad en lo económico, agresividad en lo tecnológico, destreza en lo comercial y fortaleza en lo militar. El respeto y la observancia de los valores universales debe ser tanto o más importante como el resto, pero es vital que sus iguales en el mundo entero estén allí para recordárselo. Se cuentan por centenares los prisioneros de conciencia que se pudren hoy en las cárceles de la gran potencia al igual que lo hizo Liu los últimos ocho años. Su inmoral encarcelamiento y su muerte son, lo repetimos, un oscuro lunar en la dinámica china de hoy .