Lo esencial
Por Filanderson Castro Bedoya
Universidad de Antioquia
Psicología, semestre 9
filanderson3@hotmail.com
Las crisis son las mejores maestras del ser humano, lo han sido y lo serán siempre que esta especie tenga el privilegio de la existencia, aun hoy, cuando hay cierto aire enrarecido y los individuos tienden al pánico que conlleva el afrontar una eventualidad que los aleja de sus vidas habituales.
Es posible encontrar ciertos aspectos positivos que nos pueden recordar aquello que es esencial en la vida y que pocas o ninguna vez suele ser apreciado.
Debemos empezar por asumir el verdadero y profundo valor de la salud y de todos aquellos que con sus conocimientos se esfuerzan por darnos una mejor calidad de vida y que lamentablemente la sociedad poco les ha reconocido.
Que vale más un campesino que cultiva el alimento que la estrella más reconocida de la farándula mundial. Que ni con billetes ni con petróleo nos podemos lavar las manos o quitar la sed, que debemos enfrentar la realidad de la fe, de las ideologías políticas, raciales y sociales, que pierden todo su valor ante la crisis y que nos devuelven inevitablemente a nuestro estado más humano, donde el ayudar y el ser ayudado es lo esencial, dejando ver, entre líneas, que nos hemos estado acusando y asesinando por sinsentidos.
Que no hay riqueza alguna sobre la tierra que pueda compararse con el poder dormir con tranquilidad, el degustar la infinita variedad de sabores, olores y colores de todos los alimentos que nos rodean, alojarse bajo la sombra de un árbol en un día caluroso, saciarse la sed con abundante agua, respirar aire puro mientras se mira el pasar de las nubes, el sonreír en familia.
Es increíble pensar en todo lo que es indispensable para el ser humano y darse cuenta de que suele ser aquello que más poco valor tiene en la sociedad, mientras lo más valorado suele ser algo sumamente vago e inútil.
Solo espero que después de la crisis, las personas puedan mirar atrás y valorar más todo lo que los rodea, cada individuo, cada lugar, cada momento, pues al final el tiempo es lo único que tenemos.
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