LO QUE ES ESCRIBIR CHISTES PARA EL PRESIDENTE OBAMA
El Presidente Obama y su traductor de ira estaban teniendo problemas. La caravana estaba lista para salir para la cena de la Asociación de Corresponsales del año pasado en menos de 20 minutos. Teníamos una oportunidad para practicar la escena cómica de cierre con el traductor “Luther” personificado por el comediante Keegan-Michael Key. Obama no tenía problema alguno diciendo su diálogo o haciéndose el trastornado al hablar de quienes niegan el cambio climático. “Algunas veces me enfurezco de veras, sabe”, dijo.
El problema era Luther. Cada vez que Key, como el traductor de ira, empezaba una nueva diatriba mánica, el presidente soltaba una carcajada. Ya vestido en su esmoquin para la velada, miró hacia donde estábamos nosotros, sus empleados, reunidos en un rincón del cuarto.
“Tengo que mantener compostura”, dijo Obama. Lo dijo de nuevo detrás del escenario unas horas después, esta vez usando un término que usan los comediantes para referirse a reírse en medio de una escena”. “tengo que asegurarme de no ‘quebrar’”.
Lo logró. Como otros líderes antes de él, Obama ha jugado su papel en la cena anual de los corresponsales valerosamente, la del sábado en la noche, su octava, incluirá al comediante Larry Wilmore, junto con la enorme cantidad de brindis, monólogos y otras obligaciones cómicas que vienen con la actuación más poderosa del mundo.
Parte de lo que hace chistoso a cualquier chiste presidencial es el hecho de que el presidente está contando un chiste. Pero este presidente tiene talento para la comedia, un sentido de audiencia y elegir el momento oportuno. Su administración combinó ese talento con la comprensión del panorama mediático cambiante y la emergencia de los videos virales. Los chistes se convirtieron en una verdadera herramienta para avanzar su agenda.
Cuando yo empecé a trabajar para la Casa Blanca en el 2011, la forma más efectiva de atraer atención hacia incluso el más desconocido asunto político era generalmente una entrevista o un discurso. No había cuenta de Twitter @POTUS, no había Facebook Live ni Snapchat. Tampoco había evidencia real que indicara que, aparte de las tradicionales cenas cómicas de Washington, ser chistoso pudiera ayudar a que un presidente fuera tomado en serio.
Un momento decisivo llegó después de la tumultuosa caída del 2013. Fue ahí cuando, como lo describió después el presidente en su discurso en la cena de corresponsales del 2014: “Presentamos a HeathCare.gov. Eso podría haber sido mejor”.
El día que el video “de los helechos” apareció en la red fue visto por 11 millones de personas, y el tráfico a HealthCare.gov se disparó en un 40 por ciento. Claro está que ese video no es la única razón por la que la administración ahora puede reportar que 20 millones de personas están registradas en seguros por medio del Acta de Cuidado de Salud Asequible. Pero sí que ayudó a compartir la información.
Desde entonces, el presidente ha aparecido en el podcast de Marc Maron, ha sido anfitrión invitado en un segmento del “Colbert Report” y ha atravesado el gramado del sur de la Casa Blanca en un Corvette de 1963 junto con Jerry Seinfeld.
Hay algunos temas sobre los cuales ningún presidente, ni siquiera uno verdaderamente gracioso, puede bromear. La seguridad nacional es zona vedada. Así como la más mínima mención de la primera familia. Luego estuvo esa reunión en el 2013 cuando, sentados en los sorpresivamente cómodos sofás de la Oficina Oval, los redactores de discursos de Obama sugirieron que hablara sobre los senadores republicanos al estilo del personaje de Alicia Silverstone en “Clueless.” Algo así como “Entonces Mitch estaba hablando con John quien estaba hablando con Lindsey quien dijo que Rand y Ted estaban, bueno, hablando”.
“Eso podría ser chistoso...si lo hace un comediante profesional”, dijo el presidente. Seguimos adelante.
Otro chiste que rechazó tuvo que ver con la descriminalización de la marihuana en el Distrito de Columbia, una obstrucción legislativa de Rand Paul y un debate en el congreso sobre ‘si Taco Bell aún está abierto o no”. Nos dejó que los propusiéramos, pero al final eran demasiado inadecuados y complicados.
Pero sí creo que la comedia presidencial ha jugado un papel en este capítulo de la historia americana. El púlpito del matón se ha astillado. Se ha hecho más difícil que nunca lograr captar la atención de la gente. Y la Casa Blanca ha reconocido lo que los payasos de la clase han sabido desde siempre. Ser chistoso ayuda.