Lo que les levita a los “Gurús”
Incluso cuando la vida de los humanos era simple, lo inexplicable empujó la necesidad de guías espirituales que dieran luces en el camino de lo desconocido, camino que con el paso del tiempo tiene más y más carriles, aún hoy cuando tenemos acceso a tanta información. Pero parte de la credibilidad de esos guías espirituales se sustenta en que no se comporten igual que quienes necesitan sus orientaciones y por ello se espera que sean sabios y mejores personas. Sin embargo, no siempre se cumple porque olvidamos, y recurrentemente, que son “personas”, y por ello el margen para que no resulten ni tan sabios ni tan puros, siempre es grande.
Dicen que el pez cae por la boca y mi abuelo Alberto Valencia decía que los hombres por la próstata, pero muchos a quienes elevamos a la categoría de “guías” o “gurús” espirituales, e incluso políticos, suelen tener dos puntos vulnerables, la billetera y la bragueta del pantalón.
La tormenta que no podía seguir ocultando la Iglesia Católica, no es ni nueva ni exclusiva de esa religión. Todas las religiones en su instrumentalización institucional están conformadas por “personas” de carne y hueso, aunque pareciera que más de carne que de hueso.
No sé qué efectos anestésicos tengan las sotanas arzobispales o las túnicas naranjadas en la entrepierna de algunos guías espirituales, pero con seguridad nada garantiza que se conviertan en mortajas de lo que detrás de ellas está.
En los sicodélicos años 60, se pusieron de moda los guías espirituales de la India que convocaban “supuestamente” a la sencillez, al abandono de los bienes materiales, incluido el chicharrón, y a librarse de las cadenas de la pasión y el deseo. Pero la entrepierna no tiene pasaporte ni creencia. Recuerdo el escándalo que se presentó cuando los Beatles, atraídos por el gurú Maharishi Mahesh Yogi, rompieron relaciones con el “maestro” porque no resultó tan casto cuando le echó los perros a Mia Farrow, quien no sabemos si vio levitar al gurú o alguna parte de él.
En la India hay decenas de miles de “gurús”, seguramente muchos buenos y sabios que llevan a la gente por el camino del bien, como en la iglesia católica, pero no todo el que tenga túnica o kasaya naranja es santo ni está muerto por debajo. Gurmeet Ram Rahim Singh, el gurú indio que afirmó tener 60 millones de seguidores, bendecidos a cambio de dinero por la vieja técnica de “consígname y sálvate”, fue declarado culpable el año pasado de agresión sexual a dos de sus seguidoras y estar involucrado en un submundo nada celestial de violación, asesinato y hasta castraciones masivas dentro de su monasterio.
Aunque la religión y sus representantes son cosas distintas, “por la bragueta los conoceréis” podría ser la forma en que los fieles midan a sus guías espirituales, que comúnmente piden a sus fieles alejarse de la concupiscencia. Espero que no para quedarse ellos con toda.