Lo que nos convoca, Lo que nos reta y nos convoca
Por Piedad Patricia Restrepo *
prestrepo@medellincomovamos.org
La semana pasada participamos en dos eventos en los que confluyeron dos visiones sobre nuestra ciudad. Una que mira al pasado para responder qué fue lo que se hizo bien y evidenciar experiencias exitosas dignas de replicar; y otra que mira también al pasado, pero para cuestionar el presente y plantear nuevos rumbos a futuro.
La primera visión se presentó en la reunión anual de alcaldes del BID y la segunda en el Seminario Pa’ dónde vamos, convocado por la sociedad civil.
Así, el referente internacional de Medellín lo ubica en lo que el historiador Fukuyama planteaba para la ciudad como “el medio milagro”, un territorio que ha logrado superar muchos desafíos en su sostenibilidad, pero donde aún se reconocen retos, principalmente para mejorar en inclusión y equidad.
Mientras que las organizaciones promotoras del Pa’ dónde vamos, como Eafit, Comfama, Universidad de Antioquia, Corporación Región, Universidad Nacional, Centro de Fe y Culturas, Otraparte, entre otras, le han apostado a propiciar un diálogo enfocado más en lo que falta para conseguir el milagro completo.
Estos dos eventos mostraron, desde distintos enfoques de abordaje, la necesidad que tenemos como sociedad de propiciar un diálogo permanente multiactor.
Los problemas que enfrentamos, algunos más recientes como la creciente conurbación en los tres valles, otros más estructurales como la inequidad en las oportunidades, deben llevarnos a repensar nuevas formas en la toma de decisiones de lo público, esto es, nuevas formas de gobernanza en el territorio que favorezcan el bienestar colectivo.
Esto nos remite necesariamente a una de las intervenciones en el Seminario Pa’ dónde vamos, donde Fernando Zapata, del Movimiento de Pobladores, hizo un llamado a profundizar la democracia, porque en su concepto no se está escuchando a la comunidad. La comunicación no es asertiva, se requiere más escucha y más concertación. Con un objetivo muy importante y es ser capaces de desafiar el concepto de desarrollo.
Las obras públicas per se no garantizan una mejora en la calidad de vida de las personas. Es por ello por lo que el llamado de esta organización es a tener una mirada más integral de los efectos de las acciones públicas sobre el bienestar de las personas.
En otros términos, y desde la noción económica de eficiencia, una obra pública no puede significar una asignación eficiente de los recursos si al menos una persona pierde bienestar con la intervención.
Decía el alcalde Gutiérrez, hace unas semanas, que hemos cambiado más hacia afuera, y menos hacia adentro. Más en infraestructuras y menos en comportamientos. Valdría la pena reflexionar en torno a qué es lo que realmente le importa hoy a la gente: le importa más una nueva infraestructura, llámese parque, calle, casa; o le interesan estas, pero acompañadas de las redes sociales construidas, las opciones de vida en comunidad y la construcción colectiva de historias y sueños por alcanzar.
Es importante darle la voz a la comunidad y escuchar atentamente sus necesidades. Para ello, contrario a lo que algunos abogan, no es necesario que sean miles los que quieran participar, para que su voz pueda ser escuchada; basta con que un solo ciudadano se sienta convocado en las decisiones colectivas para que entre en el diálogo de lo público.
* Directora Medellín
Cómo vamos