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Los días raros

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04 de octubre de 2016

Escribí esta columna en la noche del domingo, con los resultados del plebiscito ya consumados. Tenía a mi lado a mi hijo Miguel, quien tiene cerca de cinco años. No dejaba de mirarlo y trataba de abstraer mis pensamientos hacia el mundo de él para que se contuviera esa sensación tan difícil que todos los colombianos debimos haber vivido, esa sensación de ¿y ahora qué?

Esa fue mi fórmula para mitigar la angustia que tuve como ciudadano. No lo niego, mi mente se llenó de preguntas muy duras sobre lo que viene. Literalmente, me asusté, porque, simple, en Colombia somos expertos en convertir las oportunidades en incertidumbre.

Después del domingo queda la sensación de que nadie ganó y estuvimos al garete de esas heridas abiertas creadas por tantos rencores políticos que trataron de minimizarse en dos monosílabos: Sí y No.

La victoria del No es legítima. Eso es claro. Es democracia. Sus argumentos pesaron más que los del Sí, sin importar el matiz que hayan tenido. Pero más allá de los votos, el escenario que surgió a partir del domingo es el de la incertidumbre, porque con tanta polarización que hay en este país, el sentimiento de esperanza que daba esta oportunidad para muchos quedó en un limbo, llámese jurídico o político, que nos tendrá un buen rato sin saber cómo se enganchará de nuevo el diálogo para renegociar los ya existente.

El cantautor Carlos Varela, con sencillez y simplismo, dice: “desde que existe el Mundo, hay una cosa cierta: unos hacen los muros y otros hacen las puertas”. Ante una dificultad, ante un muro, una oportunidad, una puerta.

¿Queda esperanza? Sí. Puede que suene a cliché, pero es totalmente claro: la esperanza es lo último que se pierde. Nelson Mandela dijo: “Que tus decisiones reflejen tus esperanzas, no tus miedos”, y tal vez, lo que se vivió el domingo fue el reflejo del miedo causado por la polarización que vivimos.

No se puede dejar a un lado un propósito tan esperanzador como la Paz.

La esperanza debe hacerse tangible en la unión de las partes, en el apoyo a las instituciones creer que democráticamente somos capaces de salir de este y dejar un lado ese estilo macondiano con el que manejamos todo.

Esa es la única salida que queda, porque tenemos un país partido a la mitad, donde un pedazo está muy lejos del otro. Unirlos va a costar, porque la primera condición de unión es respetarnos y eso sí que le cuesta a muchos. Pero espero que en el momento en que se decante lo que va a pasar y se acaben los días raros, haya una respuesta que permita decirles a mi hijo y a los miles de colombianitos que vivirán y lucharán por sacar adelante en un futuro a este país, que un día, en 2016, unos dijeron No y otros Sí, y como no iban para ningún lado, se miraron de frente, se juntaron y se unieron. Desde ahí nació la Paz para Colombia.