Columnistas

Los generales de Guaidó

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28 de marzo de 2019

POR: Ibsen Martínez

Uno de los motivos del osado gambito de Juan Guaidó que aún pone en riesgo su integridad y su libertad personales fue dramatizar la estrategia que, con ejemplar perseverancia, viene proponiendo a sus compatriotas con su consabida jaculatoria civilista : “cese a la usurpación, gobierno de transición y elecciones libres”.

Con todo y la virtud de ser compartidas por millones de venezolanos y del apoyo internacional que ha concitado la presidencia interina, esas sencillas y bien cinceladas consignas han comenzado a espejear, a los ojos de muchos, como metas huidizas, quizá inalcanzables.

Tal como ha ocurrido en otros difíciles lances opositores, la impaciencia por ver resultados inmediatos ha llevado a muchos a poner en entredicho no solo su entrega, su valor personal y su entereza, sino también su cordura y honestidad. ¿Qué se le reprocha a Guaido con tanta acritud?

Que su política hacia el mundo militar venezolano no haya rendido todavía el fruto esperado de ver docenas de generales, desconocer a Maduro. Que no invoque de una buena vez cierto artículo de la Constitución que lo autoriza a solicitar el auxilio de una fuerza militar multinacional que, se nos dice, resolvería todo en un periquete.

Se diría que para ciertas mentalidades, a Guiadó le bastaría discar un número telefónico, como quien hace un pedido a Pizza Hut, y ordenar al militar gringo que responda al otro lado una o dos andanadas de misiles Tomahawk – mejor mande tres – y una brigada de la 82a División Aerotransportada de los EE. UU. hasta fin de mes.

Pienso que lo más grave es que prescinden por completo de lo que nos viene contando la realidad. Y una observación, frecuente y hecha de buena fe, es la de que hasta ahora ni un solo general bolivariano ha atendido al llamado de Guaidó. Las excepciones son, hasta donde se alcanza a ver, un antiguo director de inteligencia, peligroso hombre de avería, señalado por el Departamento de Justicia estadounidense como ficha muy importante del narcotráfico. Y un desalmado exjefe de los servicios de salud, responsable, entre otros delitos de lesa humanidad, de la muerte de miles - ¡miles!- de pacientes renales a quienes la Seguridad Social bolivariana les privó de medicamento y asistencia.

Se señala a este general como defraudador continuo, durante años, de dineros destinados a la salud. Tránsfuga de última hora y en tránsito en Colombia, el general se presentó a una entrevista televisada en Bogotá vistiendo el uniforme venezolano como si este por sí solo lo nimbase de alguna heroicidad, como si acabase de llegar de la batalla de Ayacucho.

Nada más escuchar su lambdacismo y el cínico fárrago de burocratismos con que pretende exculparse, permite imaginar la proterva mafia de nulidades que desoye la generosa, pero hasta ahora inconducente, oferta de amnistía que ha hecho Guaidó.

En un ejército como el bolivariano, que dispone de más generales que la Otan, cabe suponer cuántos más tendrán la catadura moral del asesino confeso del Seguro Social bolivariano.

En este instante, sin embargo, dignos oficiales venezolanos permanecen secuestrados y sometidos a bárbaras torturas. En Colombia, más de un millar de elementos de tropa regular y suboficiales, desertores todos, languidecen en los refugios de Acnur o se han sumado ya a la desamparada y trashumante masa de desplazados.

¡Pero es por los desalmados, estultos generales de la cleptocracia madurista por quienes aún esperamos desde comienzos de año!

Mientras, Mike Pompeo anuncia más sanciones financieras y aterrizan aviones rusos trayendo resfuerzos. ¿Alguien quiere apostar?.