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LOS MUCHACHOS NO ESTÁN BIEN

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26 de febrero de 2018

Por MICHAEL IAN BLACK
redaccion@elcolombiano.com.co

Solía tener un comentario ingenioso: “Si quieres castrar a un amigo, cuando estás en un restaurante, pregúntale todo lo que va a pedir, y luego, cuando llegue el mesero, haga el pedido por él”. Es gracioso porque no debería ser tan fácil robar a un hombre de su masculinidad, pero lo es.

La semana pasada, 17 personas, la mayoría de ellas adolescentes, fueron asesinadas a tiros en un colegio de la Florida. Marjory Stoneman Douglas High School ahora se une a las filas de Sandy Hook, Virginia Tech, Columbine y demasiados otros sitios americanos de matanza. ¿Qué tienen en común estos lugares? Armas, sí. Pero también, muchachos. Las niñas no están apretando el gatillo. Son los niños. Casi siempre son los niños.

Los muchachos de Estados Unidos están fracturados. Y nos están matando.

El quebrantamiento de los chicos del país contrasta con el de las chicas, que aún enfrentan una gran cantidad de obstáculos, pero van al mundo cada vez mejor equipadas para enfrentarse a ellas.

Los últimos 50 años han redefinido lo que significa ser mujer en Estados Unidos. Las niñas hoy escuchan que pueden hacer cualquier cosa, pueden ser lo que quieran. Han absorbido el mensaje: se están desempeñando mejor que los niños en el colegio en todos los niveles. Pero no se trata sólo de desempeño. Ser una niña hoy es ser beneficiario de décadas de conversación sobre las complejidades del ser mujer, sus muchas formas y expresiones.

Sin embargo los niños han sido dejados atrás. No ha surgido ningún movimiento conmensurado para ayudarlos a navegar hacia una expresión completa de su género. Ya no es suficiente “ser hombre”.

Demasiados muchachos están atrapados en el mismo modelo anticuado y sofocante de masculinidad, donde la hombría se mide en fuerza, donde no hay forma de ser vulnerable sin ser castrado, donde la virilidad se trata de tener poder sobre otros. Están atrapados, y ni siquiera tienen el lenguaje para hablar sobre cómo se sienten sobre estar atrapados, porque el lenguaje que existe para discutir la gama completa de emoción humana aún es vista como sensible y femenina.

Los hombres se sienten aislados, confundidos y confligidos sobre sus naturalezas. Muchos sienten que las mismas cualidades que solían definirlos ya no son deseadas ni necesarias; muchos otros nunca se sintieron fuertes ni agresivos ni competitivos para comenzar. No sabemos cómo ser, y estamos aterrorizados.

Pero incluso admitir nuestro terror es ser reducidos, porque no tenemos un modelo de masculinidad que permite el temor o el duelo o el cariño o la tristeza del día a día que a veces se apodera de nosotros.

Tiroteos en los colegios son sólo la más pública de las tragedias. Otras, en una escala más pequeña, suceden a diario por todo el país; otro aspecto en común entre los tiradores es un historial de abuso contra las mujeres.

Para ser claros, la mayoría de los hombres nunca se volverá violenta. La mayoría de los hombres resultarán bien. La mayoría aprenderá a navegar las aguas profundas de sus sentimientos sin jamás involucrarse en ninguna forma de destrucción. La mayoría crecerá a ser buena. Pero muchos no lo harán.

Es probable que nunca comprendamos por qué un joven decide acabar con las vidas de otros. Pero podemos ver al menos un patrón y ese patrón es bastante obvio. Son muchachos.