Columnistas

Los narcos que fueron guerrillas

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19 de marzo de 2018

El narcotráfico acaba de carcomer, de podrir, lo que queda de las guerrillas. Como nunca antes en la historia colombiana, sobreviven bandas disfrazadas de “ejércitos del pueblo” y retóricas de izquierda, dedicadas a cuidar, monopolizar y transar las áreas de cultivo, la pasta de coca y la cocaína de los laboratorios ubicados en los territorios en que operan.

Qué explicarían hoy “los camaradas Manuel Pérez, Raúl Reyes o Iván Ríos”, que se indignaban cuando la prensa señalaba alguna relación entre la insurgencia y las mafias. Ellos que no admitían preguntas ni dudas metódicas frente al vínculo muy estrecho de sus hombres y los carteles. Un contubernio ahora sin vergüenza ni ocultamientos.

A la mano estuvo siempre el reclamo según el cual se trataba de las campañas de desprestigio de los altos mandos del Ejército Nacional. “Pura ‘propaganda negra’ de los chulos”, decían los jefes guerrilleros que se presentaban más impolutos y ortodoxos.

El viernes aparecía en este diario la noticia sobre la guerra que se declararon en el Catatumbo el Eln y el Epl, por el dominio de territorios asociados a sus intereses en el mercado de la cocaína. Esos reportes los refrendan hoy las mismas ONG y la población civil. Sobra que lo reiteren las Fuerzas Armadas.

Las disidencias de las Farc abalean rivales. El Eln tiene las narices metidas en el “traqueteo” y otros vicios ilegales paralelos que sabe explotar de memoria: la extorsión a comerciantes, el boleteo a ganaderos y el secuestro de hacendados. Asistimos a una fase de lumpenización generalizada de las guerrillas, entre las que se cuentan los grupos que el discurso oficial llama, con sobrada razón, “residuales”.

Agregaba la citada nota periodística: “Tanto el Epl como el Eln regulan la compra y venta de hoja de coca en la región del Catatumbo”. Y lo hacen en Nariño, Putumayo, Chocó, Antioquia, Caquetá y Arauca. Los perfiles de sus jefes y sus tropas se funden en la extravagancia y la ordinariez habitual de los narcos.

Otro titular confirma la captura en Pereira de alias Cachi, de una disidencia de las Farc: “estaba al tanto de liderar las actividades relacionadas con la producción y comercialización de estupefacientes en zona rural de Tumaco y en toda la frontera con Escuador”.

Si alguna vez la guerrilla quiso convertir el narcotráfico en medio para transitar el camino a la toma del poder, hoy sus hombres regresan de aquella aventura convertidos en el nuevo brazo armado de los narcos. En las regiones, las comunidades se resignan a esperar los atropellos de ejércitos apenas capaces de servir a las ambiciones de las mafias.