Los números de la violencia sexual
El Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses presentó Forensis 2015, un valioso informe que destaca y analiza datos sobre la violencia en Colombia, de acuerdo a su registro institucional.
Medicina Legal cuidadosamente escoge sus palabras: los datos corresponden a los casos que directa o indirectamente conoce el Instituto. Los números no son el reflejo de la realidad ni del universo total de casos de violencia. Los datos de Medicina Legal no demuestran que, por ejemplo, la incidencia de la violencia sexual incrementó en 2015; solo indican que el Instituto atendió o recibió información sobre más casos de violencia sexual. Obviamente, existe una diferencia entre esas dos medidas.
Sin embargo, lo primero que pasa cada año después de que Medicina Legal presenta su informe es que los titulares generalizan los resultados y fabrican la noticia. Por ejemplo, esta semana se dijo en múltiples medios que en 2015 había incrementado la violencia sexual, o que ocho de cada 10 víctimas de violencia sexual eran niños.
El problema es que no sabemos si estas afirmaciones son ciertas. Lo único que sabemos es que el registro de violencia sexual por parte de Medicina Legal incrementó y que el 80 por ciento de las víctimas atendidas fueron menores de edad.
Obviamente, Medicina Legal no puede registrar los casos que no llegan a su conocimiento. Sin embargo, los casos no registrados no dejan de ser reales; y esto nos debe preocupar. El Instituto registra una ínfima parte de la violencia sexual que acontece en el país, concentrada en sectores poblacionales específicos.
Flaco favor hacemos a la opinión pública presentando datos de una muestra limitada como si reflejara el universo entero. Como lo explica el estudio Roth, Guberek y Hoover (El uso de los datos cuantitativos para entender la violencia sexual en el marco del conflicto armado), los valiosísimos datos que presenta Medicina Legal nos dicen algo sobre las víctimas que acuden a las autoridades. En relación con la violencia sexual, existen factores culturales y legales que contribuyen a explicar la sobrerrepresentación de niños y niñas en la muestra del Instituto, por ejemplo, la operación del paradigma social de protección que reduce las resistencias a la denuncia de este crimen y a la respuesta institucional cuando las víctimas son menores de edad.
Los datos presentados en Forensis son valiosos para revelar patrones de denuncia y la capacidad institucional de responder al fenómeno; nos presentan indicios (únicos pero insuficientes) sobre la incidencia de la violencia sexual en Colombia.
La violencia sexual ha sido y seguirá siendo un fenómeno oculto, in-visibilizado. Las encuestas pueden ser una fuente de información útil para dimensionarlo. En Colombia, Profamilia publica cada cinco años (desde 1990) los resultados de la Encuesta Nacional de Demografía y Salud (ENDS): la última publicada es del 2010. Uno de sus capítulos versa sobre la violencia contra las mujeres.
Los resultados de la encuesta aplicada a una muestra representativa de mujeres sobre la violación – una forma de violencia sexual – son alarmantes. La ENDS indica que 10 por ciento de las mujeres unidas o casadas afirman haber sido violadas por su compañero. Adiciona que otro seis por ciento indica haber sido violada por persona distinta a su compañero. Las autoridades no han registrado la gran mayoría de estos casos. La violencia sexual es un fenómeno persistente; no hemos dimensionado su frecuencia ni prevalencia; y continúa invisible, sin atención.