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Los otros “alias”

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18 de abril de 2016

“Grupo Familia reconoce plenamente los errores que cometieron en el pasado algunos de sus directivos y otros empleados y acepta su responsabilidad”. De esa forma, en un comunicado de prensa, esa empresa lamentó públicamente esta semana su participación en cartelización. Junto con esta tradicional empresa colombiana, también actuaban la multinacional norteamericana Kimberly y Papeles Nacionales, entre otras.

¡Qué mal que estas empresas se aprovecharan así de productos básicos de la canasta familiar como el papel higiénico, los pañales y cuadernos! En un país donde la inequidad es tan alta, prácticas como esa son altamente dañinas. Lo venían haciendo desde hace 13 años: asociarse para engañar al consumidor. Con el agravante que son empresas con un 88 por ciento de participación en el mercado y con utilidades superiores al billón de pesos anuales.

Kimberly, por ejemplo, repite en tres casos esta práctica. Asociada con Carvajal, mediante las marcas Scribe y Premium, no solo acordaban precios, sino también que la estrategia de marketing es tan poderosa que los 9,5 millones de estudiantes que se aferraban a sus prestigiosas marcas, ni se inmutaban por recibir cuadernos de mala calidad.

Da impotencia y rabia que Kimberly, que produce las marcas Scoot, Kotex, Huggins, que tiene en Colombia 50 plantas de producción y que está en 125 países del mundo, con la estrategia de sapear a los otros aliados, se haya salido con la suya y la exoneren sin ser multada. Así logró salvarse de una irrisoria multa de 69 mil millones, nada comparado a los 13 años que lleva metiendo la mano al bolsillo del consumidor.

Colombia ha sido muy proclive y contemplativa con estos carteles. Por ejemplo, los del azúcar y el arroz. Y viene otro: el de los insumos para la agricultura, donde hay una impresionante fuerza dominante. En Francia, recientemente multaron a varias empresas de cosméticos y aseo, con cerca de 3 billones que representan el 10 de sus operaciones comerciales. De aplicarse esa proporción en Colombia, los avivatos no se hubieran salido con una multa inferior a los 300 mil millones.

No sorprende entonces que en el país se adelante otra demanda asociada a estos casos, bien soportada jurídicamente, que reclama daños y perjuicios por 2,8 billones de pesos, y está apoyada por la Asociación Colombiana de Consumidores.

El Grupo Familia tomó la tímida medida de suspender a su gerente, Darío Rey Mora. ¿Acaso la junta directiva no vio que se le había metido un elefante grande y mañoso? ¿Será más bien que ahora ponen de chivo expiatorio a Rey Mora y a unos cuantos empleados ante la Superntendencia de Industria y Comercio, SIC? Aunque se le abona que dio la cara, Kimberly en su arrogancia no ha dicho ni “mu”.

Hay algo que llama poderosamente la atención: en los correos que investigó la SIC, las empresas usaban apodos o nombres ficticios para encubrir sus actuaciones. Kimberly era Kiosko, Familia se nombraba Feos, Papeles Nacionales como Pitufos y Cartones y Papeles del Risaralda como Rosas. ¡Qué tristeza! Al mejor estilo de los alias de las bandas criminales que tanto daño le hacen a este país.