Los Peligros de decir “misión cumplida” en Siria
Estados Unidos está en peligro de otro momento de “misión cumplida”. El 19 de diciembre, el presidente Donald Trump declaró en un tuit, “Hemos derrotado a ISIS en Siria, mi única razón para estar allá durante la presidencia de Trump”. Trump tiene razón en cuanto a que EE.UU. ha progresado bastante en contra del Estados Islámico, y hemos tenido el honor de apoyar esa misión desde la Casa Blanca en el transcurso de dos administraciones como oficiales de anti-terrorismo. Pero el Estado Islámico no ha sido “derrotado” - y nuestra misión en Siria no ha sido lograda completamente.
El reciente ataque terrorista del mercado navideño en Estrasburgo que dejó cinco muertos y al menos una docena de heridos sirve como un recordatorio demasiado vívido de que la amenaza planteada por el Estado Islámico persiste. Con el atacante muerto, el Estado Islámico ahora se ha responsabilizado. Afortunadamente, estos tipos de ataques terroristas yihadistas en Occidente se han vuelto notablemente más escasos y pequeños en escala que hace apenas tres años, cuando los ataques horrendos en París y San Bernardino, California, ensombreció la época de fiestas del 2015.
Ha habido un progreso notable contra el Estado islámico en esos tres años, pero quizás lo más difícil está por venir: abordar los restos del núcleo del grupo en Irak y Siria. De hecho, por todos los éxitos en contraterrorismo que Estados Unidos ha logrado desde el 11 de septiembre, y ha habido muchos, aún nos queda por descubrir cómo pasar de degradar a grupos como al-Qaida y el Estado Islámico a realmente derrotarlos.
No hacerlo puede resultar mortal: después de todo, fueron las ascuas aparentemente moribundas de al-Qaida en Irak las que surgieron de las cenizas para convertirse en el Estado Islámico y controlar un territorio del tamaño de Gran Bretaña. En última instancia, es vital recordar que grupos como el Estado Islámico y al-Qaida se consideran movimientos sublimes y, por lo tanto, sus ideólogos están convencidos de que fueron a la guerra para cumplir con sus obligaciones divinas, haciendo que los reveses sean simplemente temporales.
Por lo tanto, mientras miramos hacia 2019, es importante mantener la concentración en lanzar un golpe de cuerpo contra los remanentes del Estado Islámico en Irak y Siria. Eso incluye la erradicación de los últimos vestigios de la red de combatientes del grupo, el apoyo a la gobernanza recurrente en las áreas que una vez tuvo el grupo, el desarrollo de fuentes de inteligencia sostenibles y las opciones de aplicación de la ley para la red terrorista del grupo, y el aumento de la presión en lo que sigue siendo un refugio segurovirtual: la internet.
Encontrar y atacar a los combatientes del Estado Islámico es un desafío considerable, ya que en gran parte, han sido obligados a trasladarse a un área de Siria donde la recolección de inteligencia por parte de Estados Unidos puede tener menos avances, donde nuestros socios principales en el terreno, los kurdos sirios, han optado por no seguir, y donde puede haber algún refugio local disponible.
Las áreas de las cuales el Estado islámico ha sido eliminado también exigen atención continua. Es la ausencia e insuficiencia de la gobernabilidad local lo que a menudo permite que los terroristas se afiancen en primer lugar; y la letal guerra civil que consume a Siria amenaza con dejar grandes zonas del país efectivamente sin gobierno. Trabajar con socios internacionales para proporcionar los recursos, la capacitación y el apoyo diplomático necesarios para que al menos un mínimo de gobierno se arraigue, una alternativa sunita a la horrible marca de gobierno que ofrece el Estado Islámico, es una prioridad urgente no solo para el contraterrorismo sino también por razones humanitarias. Y recortar tales recursos en este momento es una receta peligrosa para una amenaza terrorista recurrente que juega con las propias narrativas del Estado Islámico que solo él es capaz de gobernar, como lo intentó el grupo durante un tiempo.
El Estado Islámico ya se ha adaptado a su control territorial reducido al establecer una red subterránea que, desde las sombras, puede infligir violencia desestabilizadora en Siria e Irak, y potencialmente en toda la región. Esta es la misma retirada de insurgencia terrorista a red terrorista que vimos de al-Qaida en Irak; y exige la construcción de capacidades de inteligencia de EE.UU., el Iraq y otros socios para penetrar en esta red mediante la interrupción de sus ataques, la captura de fondos y la detención de quienes mantienen la red.
Despojar al Estado islámico del territorio e incluso de combatientes no es lo mismo que lograr la derrota del grupo. Alejados de un reducto, reaparecerá en otros territorios, potencialmente incluso en formas menos detectables, pero más letales. No es el momento de terminar la misión, no sea que pronto nos encontremos frente a un adversario resurgente.