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Los que sobran

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14 de agosto de 2016

Hace un mes el ministro Mauricio Cárdenas anunció en el Climate Business Forum 2016, que los efectos del cambio climático tienen consecuencias fiscales muy graves y que debemos estar preparados para enfrentarlas para no poner en peligro la sostenibilidad fiscal del país, y que para esto, se evalúa la posibilidad de introducir dentro de esta reforma tributaria “impuestos verdes”, es decir, gravar a sectores económicos que contaminan altamente con gases efecto invernadero; impuesto creado ya en otros países latinoamericanos.

Esta semana el Gobierno dijo que la reforma tributaria va a ser estructural, amigable a la inversión, a los negocios y al crecimiento económico, que traducido a lo colombiano podría significar aumento de impuestos a los ciudadanos y no al sector productivo privado, representado en el aumento del 2 % al IVA, es decir, una reforma tributaria inflacionaria, donde una libra de limones que cuesta $1000 pesos este año, en el 2017 costaría $1020.

O una reforma con más impuestos para las entidades sin ánimo de lucro –Esa, donde la mayoría de las organizaciones sociales, culturales y ambientales colombianas se soportan en esta figura-. Aquí la reforma debe tener el mayor de los cuidados, porque por poner en cintura a algunas fundaciones que le sacan el quite al tributo, con esta propuesta desaparecerían grandes organizaciones que cumplen con su verdadero objetivo social, inclusive de hacer lo que el Estado no puede, fundamentales para el cierre de las grandes brechas sociales y de pobreza e inequidad existentes.

O una reforma con la eliminación de algunas exenciones existentes, como las que podría caber la eliminación de la exención por la importación de tecnología o equipos que favorecen y sostienen actualmente la gestión ambiental del país, como la importación de estaciones meteorológicas o hidrológicas, decisión que acabaría ahora sí con la sostenibilidad y seguridad ambiental.

¿En qué beneficia esta reforma la gestión ambiental del país? O pensaríamos que podría suceder otra vez lo contrario: se estarían eliminando las ong ambientales y sociales, y de paso los pocos beneficios tributarios que todavía quedan para conservar la ya sacrificada naturaleza.

El estudio ‘Road Trip Latam 16’, de Kantar Worldpanel, publicado este jueves en El Tiempo, reveló que lo que más les preocupa a los hogares colombianos, antes que la inflación, la devaluación o la inseguridad, es el calentamiento global. En segundo lugar quedó la inflación y tercero la inseguridad y la violencia.

Si el cambio climático es la preocupación ¿por qué después de casi diez años de inversiones y borradores para el diseño de su política, esta continúa guardada sin ser emitida en los anaqueles de Minambiente y DNP? Que a propósito su objetivo será precisamente reducir el riesgo fiscal altamente expuesto hoy día ante los ya conocidos eventos extremos de El Niño, que nos llevó a un cuasi apagón, o de una posible (todavía insegura) Niña que nos traería las trágicas inundaciones.

Para Carlos Gustavo Cano, codirector del Banco de la República, resulta muy urgente la implementación de estas políticas públicas que induzcan a los consumidores a la toma de decisiones ecológicamente correctas, no solo para evitar nuevos daños contra el hábitat por el uso de combustibles fósiles, sino con el fin de tratar de reparar los ya creados.

Según Cano, Arthur Pigou, economista inglés, formuló desde 1920 su visionaria y actual teoría de las “externalidades”, donde todo proceso de transformación productiva provoca costos que el mercado no suele incorporar en los precios de los bienes y servicios generados, y conduce a trasladarle dichos costos, y de paso a propinarle perjuicios a otros agentes ajenos a esos procesos, configurando así hábitos de consumo e inversión nocivos para la sociedad. Es decir: quien daña debe pagar, y quien compense debe recibir.

En resumen, ministro Cárdenas, ¿se cumplirá su anuncio de hace un mes del justo impuesto al carbono?, o seguiremos atentando contra el capital bioeconómico y el crecimiento de las presentes y futuras generaciones.