Columnistas

Los vivos y los bobos

Loading...

Doctor en Ciencias Sociales, Magister en Estudios Humanísticos y Periodista. Es columnista semanal de El Colombiano y profesor en Eafit de temas relacionados con la historia contemporánea, la geopolítica y el periodismo.

05 de julio de 2016

Es una buena época para los avivatos en la política mundial. Para los que entienden que en las urnas se puede ganar si se confunde al elector, si se engaña con verdades a medias, si se generaliza y se estereotipa. Para personajes como Donald Trump en Estados Unidos o Boris Johnson en Inglaterra que, entre payasada y payasada, impulsan las velas de sus campañas con los vientos del miedo y el racismo.

Se aprovechan de sociedades perezosas mentalmente. Ciudadanos que quieren saberlo todo con el menor esfuerzo. Que pretenden entender los problemas de sus naciones en tuits de 140 caracteres o contextualizar sus vacíos históricos con videos de YouTube de cinco minutos. Ciudadanías que exigen mucho pero ofrecen poco en un tiempo de sobreoferta de información y ausencia de reflexión.

Vivimos en el terreno ideal para los políticos bufones que escupen las mentiras más abyectas sin hacerse cargo de las consecuencias. Los que se arropan con la peligrosa bandera del nacionalismo radical, de la derecha y de la izquierda, de los aparentes centros, que incentivan la desconfianza en el diferente para madurar las ideas de falsas independencias.

Bajo las tarimas los engañados aplauden y ríen sin saber que los timadores se burlan de ellos también.

En cada esquina política nos salta un ejemplo. Algunos con sus mentirosos de corbata en proceso de consolidarse y otros con el ciclo ya cumplido y las consecuencias a la vista. El Brexit es el botón de muestra perfecto. Millares de sufragantes que votaron primero y preguntaron después. Cientos de miles de engañados que caminaron en fila para reclamar promesas quiméricas y, cuando abrieron los ojos, era demasiado tarde.

Ahora los responsables de la debacle dicen que no dijeron lo que dijeron (lo que todos les escucharon en esos carnavales de irresponsabilidad que son las campañas políticas). Que sus invenciones son apenas verdades sacadas de contexto y que hay que mirar hacia adelante cuando son ellos los que más se empeñan en voltear los ojos hacia atrás.

Nadie les cobra a los irresponsables, causantes de las desgracias, porque se fortalecen del olvido rápido y el desinterés colectivo. Entonces el ciclo se repite, si no ahí, en otra parte, porque incautos sobran como bien lo dice el refrán que habla de marranos y aguamasa.