MANIFIESTO POR LA ARGUMENTACIÓN Y EL RESPETO A LAS DIFERENCIAS
Con preocupación hemos constatado que la posibilidad de firmar un acuerdo de paz con las Farc y con el ELN ha radicalizado las posiciones y exacerbado los ánimos de quienes intervienen a favor o en contra del mismo. Si bien el debate sobre el proceso de paz es importante, legítimo y necesario, la discusión se ha convertido en un intercambio de agravios y descalificaciones cuyas consecuencias serán nocivas para el futuro del país y un pésimo precedente para las prácticas que adoptemos en próximos debates. Como ha ocurrido varias veces en el pasado, ese tipo de lenguaje ofensivo incita a la intolerancia y contribuye a la reactivación de la violencia y del conflicto armado.
Las personas que firmamos esta carta no compartimos las mismas ideas políticas. Nuestras divergencias no solo se refieren al actual proceso de paz, sino también al rumbo social y económico del país. Entre nosotros hay representantes de todas las posiciones del espectro político, consideradas de derecha, centro o izquierda o incluso de quienes no adhieren a una posición política particular. No obstante, a pesar de nuestras diferencias compartimos algunas ideas fundamentales, como la defensa de los principios democráticos, el respeto por las reglas esenciales de honestidad, tolerancia y lealtad argumentativa en el debate político, el repudio por las soluciones que implican el uso ilegítimo de la fuerza y el abuso de las instituciones, así como la convicción de que estamos en un momento crucial de la historia nacional que va a determinar el país en el cual vivirán nuestros hijos y nuestros nietos.
Por eso, en esta hora clave de la historia del país, los aquí firmantes hacemos un llamado a todas las partes involucradas en el debate político, incluidos aquellos que participan en las redes sociales, en los foros públicos, los medios de comunicación y en la conversación política de todos los días, a moderar el lenguaje, a discutir de manera razonada, a respetar el derecho del adversario a pensar distinto y a defender su punto de vista, sin descalificarlo ni ofenderlo, ni atribuirle perversas intenciones.
Invitamos pues a toda la sociedad colombiana a participar en la controversia pública con honestidad, respeto a las instituciones democráticas y tolerancia con la contraparte, a pensar en nuestro país con una perspectiva de mediano y de largo plazo, en donde las generaciones futuras tengan un lugar mejor para vivir y un buen ejemplo de las prácticas propias de un diálogo democrático, y a reconocer, con las experiencias del pasado, que la violencia homicida, la guerra sucia y el conflicto armado también son el producto del escalamiento del lenguaje agraviante.
Adriana Mejía Hernández,
Alfredo Gómez-Muller
Alfredo Molano
Alvaro Tirado Mejía
Ana María Ibañez
Armando Montenegro T.
Beatriz Uribe Restrepo
Carlos Caballero Argáez
Carlos Manrique
Carlos Tognato
Claudia Jiménez Jaramillo
Daniel García-Peña
Eduardo Posada-Carbó
Fidel Cano
Gonzalo Córdoba
Héctor Abad Faciolince
Jaime Bermúdez Merisalde
Jorge Giraldo
Jorge Humberto Botero
Juan Camilo Cárdenas
Juan Diego Mejía
Juan Gabriel Tokatlián
Juan Gabriel Vásquez
Juan Manuel Echavarría
Juan Manuel Roca
Laura Quintana
León Teicher
Leopoldo Múnera Ruiz
Luis Ernesto Mejía Castro
María V. Llorente Sardi
Mario Hernández
Mario Jursich
Mauricio Archila
Mauricio García Villegas
Francisco de Roux, S.J.
Piedad Bonnett
Pilar Reyes
Rafael Aubad López
Ramiro Valencia Cossio
Salomón Kalmanovitz
Santiago Gamboa
Santiago Montenegro T.
Sergio Fajardo Valderrama
Víctor Manuel Moncayo.