Columnistas

¿Más de lo mismo?

Loading...
21 de octubre de 2017

Varios eventos recientes me han puesto a pensar sobre la estrecha relación que existe entre transformación y liderazgo.

De hecho, el riesgo que corre el país hoy en día es de seguir viviendo en un pantano, donde reina la indiferencia inmóvil, donde no hay voluntad de indignarse porque la aberrante anormalidad de la violencia y de la corrupción se han convertido en lo cotidiano. Porque a Colombia hoy le puede pasar lo que el escritor siciliano Giuseppe Tomasi di Lampedusa escribió en la novela “Il Gattopardo” con respecto a la mafia y su forma de ser: todo cambia para que nada cambie.

Exactamente este puede ser hoy el peligro. Lo pensé cuando me llegó la noticia de dos atroces crímenes que se cometieron esta semana en Medellín. El primero fue la muerte de un joven, que, por huir de sus asesinos buscó refugio, irónicamente, entre la multitud que participaba en el Festival Instinto de Vida. Pero sus verdugos lo alcanzaron y lo asesinaron con cuchillos y machetes frente a un público asombrado. El joven se llamaba Yasser Alberto Murillo Granados y solo tenía 17 años.

Además, hace un par de días, en la Comuna 13, asesinaron a la líder social Patricia Castaño, probablemente porque participaba en un proceso de restitución de tierras. La señora Patricia es uno más de los 186 líderes sociales que han sido asesinados en Colombia entre 2016 y 2017. El exterminio de líderes sociales no para.

Me pregunto: ¿están los colombianos desperdiciando una oportunidad histórica? La gran mayoría de quienes han apoyado los diálogos con las Farc no lo han hecho por simpatía ideológica con la guerrilla, sino por la convicción de que el acuerdo era el paso obligatorio para la transformación de Colombia. Pero no será así si el acuerdo no marca también un trascendental cambio de paradigmas.

Pero por ahora, la gran mayoría de los líderes de este país están dando más de lo mismo, demostrando que no son líderes a la altura del momento histórico, y por lo tanto siguen alimentando la polarización y la confrontación, junto a la defensa de intereses particulares. Siguen sin vergüenza de perpetuar las costumbres clientelistas y una política carente de cualquier valor ético.

Por eso, hoy hay que reflexionar sobre la calidad del liderazgo que se requiere para los cambios que el país necesita. Porque hoy no es suficiente un liderazgo que hace cosas nuevas, sino de un liderazgo que hace nuevas las cosas, como lo resaltó el pensador Paul Watzlawlck, eso implica generar el cambio desde un orden más alto para crear un nuevo orden de pensamiento.

Esto significa desarrollar un liderazgo que no siga promoviendo divisiones, perpetuando fracturas, y marcando límites a la identidad, sean ideológicos, sociales, de género, etc. Más bien, se necesitan líderes capaces de dar un nuevo significado a las barreras como fronteras donde el diálogo, la contaminación positiva de ideas y la innovación son posibles.

Hoy, a todos los niveles, desde los barrios hasta la Casa de Nariño, se buscan líderes que sean agentes de cambio, capaces de cruzar líneas divisorias y construir puentes para abordar desafíos comunes. Para que eso se dé, se necesitan líderes con nuevos modelos mentales.