Columnistas

Mayorías amenazadas e identidades predatorias

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01 de agosto de 2017

Entre los elementos que han hecho posible el surgimiento de populismos de derecha en Europa y los Estados Unidos está el fenómeno de las mayorías amenazadas. Esto se puede ilustrar con el caso de Polonia, que siendo un país que tuvo en la última década un buen crecimiento económico y se redujeron los niveles de desigualdad, en 2015 ganó un partido populista reaccionario. De forma similar sucedió en Hungría, Gran Bretaña y los Estados Unidos. ¿Por qué hicieron esto los votantes?

En estos países se ha dado en los últimos años un creciente aumento de la migración proveniente de los países más pobres de África, de Siria, de Irak, determinada por el fracaso de la globalización neoliberal, las guerras y la revolución tecnológica. Este aumento de la población extranjera se ha convertido en una grave amenaza para los habitantes de los países que han acogido a los migrantes.

En la reacción de las mayorías amenazadas por la migración radica una de las razones del auge del populismo de derecha. El temor de que los extranjeros se tomen sus países se afianza en la idea, basada en proyecciones demográficas, según la cual sus Estados puedan desvanecerse. “La demografía hace que los europeos se imaginen un mundo en el que sus culturas desaparecerán, a la vez que la revolución tecnológica les promete un mundo en el que sus puestos de trabajo también desaparecerán” (Krastev).

El concepto de mayorías amenazadas está relacionado con otro importante fenómeno, las identidades predatorias. Estas emergen en la tensión entre identidades mayoritarias e identidades nacionales. La formación de un grupo étnico dentro de una nación moderna suministra a menudo la base para el surgimiento de estas identidades, las cuales reclaman la extinción de la otra colectividad para su propia supervivencia. Según Arjun Appadurai, “las identidades predatorias surgen en aquellas circunstancias en las cuales mayorías y minorías pueden verse de forma verosímil en peligro de intercambiar sus lugares”.

Appadurai muestra cómo la formación de identidades predatorias hizo posible que el liberalismo, en la época de la Alemania Nazi, se convirtiera en anti-liberal y genocida, y advierte el peligro de la repetición de este fenómeno. Mayorías amenazadas por el temor de que el orden político pueda colapsar, están provocando cambios radicales contra los extranjeros y contra cualquier otro que pueda ser visto como una amenaza.

Uribe no es Trump, ni Putin, ni Erdogan, está claro. Pero estamos ante la consolidación de una alternativa populista de derecha. La sociedad representada por el uribismo se siente amenazada por la alianza del liberalismo y la izquierda guerrillera, que suponen, se tomará el poder y los sacará de la historia. ¿Es una ficción? ¿exageran? Hay un límite normativo en la confrontación política: una colectividad política no puede reclamar como legítimo que aquella con la que se enfrenta deba desaparecer para así asegurar su propia supervivencia. La repetición del genocidio, como advierte Appadurai, —indicado por el aumento del asesinato de líderes sociales y miembros de las FARC—, no debe ser nuestra salida.