Medellín, ¿cómo te sientes?
Querido Gabriel,
¿Cómo diagnosticar una ciudad? ¿Cómo evidenciar su estado de salud y su ánimo? ¿Cómo conocer sus sueños, sus anhelos, sus miedos? Durante la premiación del concurso de Medellín en 100 palabras, Juan José, el escritor, me dio una clave. Leer 100 cuentos sobre una ciudad ofrece una panorámica amplia y profunda de lo que se está viviendo, mejor que cualquier estudio.
Leí el libro de los nueve ganadores y otros 91 seleccionados por el jurado, disfrutando las historias y degustando cada palabra. Quería sentir el “espíritu del tiempo” de esta ciudad que tanto hemos querido, a pesar de lo difícil que resulta a veces ejercer ese amor. ¿Será que lo lees y hacemos una tertulia de Medellín cómo vamos, sin encuestas ni estadísticas?
Encontrarás una ciudad que protege su memoria, como en ese cuento de un fantasma, muerto en la bomba del Parque de San Antonio, que deambula alrededor de los pájaros de Botero, el herido y el renacido. Tal vez sentirás dolor, de pronto esperanza, en ese que afirma que, por allá en el año 4256, la sociedad que produjo la escombrera de la Trece se verá, desde la mirada del arqueólogo, como “... una civilización extinta, cuya práctica ritual más notable era el sacrificio humano y el desmembramiento realizado como ofrenda a sus dioses”.
También está el miedo que se niega a irse. Lo sentirás en el relato de aquel joven trasgresor de una frontera invisible que, al entregar una carta a su amada, muere de un balazo, justo antes de tocar la puerta de su casa. Es la misma ciudad que se opone al miedo desde la poesía, la que siente nostalgia del campo. Nos cuenta la historia de José, que cambió “las mulas por los buses y los caminos por las calles oscuras”. “Yo pa qué machete afilao si ya no tengo finca”, dice, en su tristeza.
Al mismo tiempo, emerge la ciudad moderna que provoca caminar. La que se pregunta por qué en Laureles cada vez hay menos casas y más edificios. Verás historias con las quebradas, el río, las bibliotecas, las UVA. Leerás la ciudad que ama. ¡Hay muchas historias de amor!, de barrio a barrio, de loma a loma, en el colegio, en la vereda, en el Metro.
Te producirán curiosidad ciertos cambios culturales: la primera niña venezolana de nuestra literatura. O la ciudad que se llenó de mascotas: aparecen los perros perdidos y los gatos fieles. Te gustará sentir una ciudad en la que el humor persiste y empieza a afinarse. Como en el cuento sobre cómo mueren las estrellas: “¡por sobredosis!”, o el del amor entre la yegua y el gato, burlados tiernamente por un hada. “¿Se pone en mayúsculas la risa de los paisas?”, dice por ahí.
Termino mi carta de hoy con el cuento que resume la Medellín que sentí al leer, ¿o la que llevo dentro?:
Cuando el niño vio por primera vez la ciudad de aquel valle profundo – el bus bordeando las montañas en una madrugada oscura, las luces de las casas como millones de dientes luminosos-, se dijo: “Parece una boca”. El día que le mataron a su hermano: “Muerde como una bestia”. Y varios años después, tras el encuentro con el primero de sus amores verdaderos: “Pero es capaz del beso”. 1.
1. Autor: José Andrés Arcila.