Columnistas

Medellín estancada

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11 de julio de 2017

Aunque en las últimas décadas nos han bombardeado con el mensaje de que Medellín es una ciudad imparable, resulta que en algunos aspectos la ciudad “sigue estancada”, en palabras de Piedad Patricia Restrepo, directora de Medellín Cómo Vamos. Así está escrito en el sitio web de dicha alianza que evalúa, desde la ciudadanía, los cambios en la calidad de vida de Medellín, tras el último informe del pasado 28 de junio.

Con base en dicho informe, la Corporación Región alerta: “El panorama que presenta es bastante preocupante en términos del desarrollo de la ciudad; en algunos casos, hay francos signos de retroceso”.

¿Dónde hay retroceso? Dicha corporación resalta: en inversión total, reducción en equipamiento, salud, atención a grupos vulnerables y seguridad. Además, bajó la atención a la pobreza extrema y a la protección integral a la primera infancia. También se redujo la inversión en temas de paz y derechos humanos, convivencia familiar, vivienda, movilidad, promoción del desarrollo.

Además, destaca Región (leyendo a Medellín cómo vamos), que en 2016 aumentó el porcentaje de homicidios, secuestros, víctimas de extorsión y crecieron varios delitos: hurto en vía pública, robo de motos, robo de carros, hurto a residencias, hurto a establecimientos comerciales y a entidades financieras.

Lo que se sabe es que hay un problema de recursos: caída de las transferencias de EPM, caída en los ingresos propios y crecimiento en el pago de deuda. Pero, parafraseando a Región: hay que saber invertir bien los recursos, hacerlo a tiempo y en los campos prioritarios, escuchando a la gente, para que realmente transformen la vida y los problemas de la ciudad.

En resumidas cuentas: la ciudad necesita más eficacia. Por eso desconcierta las veces que voceros de la Alcaldía, incluido el alcalde, se expresan en términos que no reflejan la realidad, creando un escenario vanidoso que perjudica en dos vías: 1) se maquilla la realidad y 2) por tanta publicidad, muchos colombianos quieren vivir en Medellín; por eso, la ciudad está a punto de colapsar: no hay tierra para construir (craso error hablar de ‘verticalizar’ la ciudad) ni vías para movilidad y por eso los servicios públicos son cada vez más costosos: hay que producir más y traerlos desde más lejos.

¿Qué esperamos? Resultados objetivos, no propagandísticos; y que alguien tenga el coraje de limitar la construcción, a los que llegan, a la venta de carros y de motos.