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Medellín: ¿una persona o un animal?

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07 de marzo de 2015

Hace unos días, una señora estaba paseando sus perros por el barrio Manila. Salió temprano y con la luz del alba a cuestas. Una mujer que caminaba por la calle y pasó junto a ella, inició la que segundos más tarde sería una conversación desafortunada:

- ¿A usted le gustan mucho los perros?

- Sí.

- ¿Y cuántos tiene?

- Tengo cuatro y un gato.

- Usted mejor debería ayudarle a los niños abandonados y a las personas pobres que viven en los barrios altos.

- Yo veré a quién le ayudo y no voy a cambiar mis animales por niños que no tuve.

La discusión agitada se prolongó y llama la atención porque refleja un tema que últimamente es protagonista en Medellín: el cuidado y amor por los animales. Si en ese tema se compara a la ciudad de hoy con la de hace diez años, el panorama es diferente. Al caminar por los barrios ya es difícil encontrar un perro abandonado. Se crearon fundaciones que ayudan a los animales sin hogar y existe el albergue municipal La Perla, que es líder en Latinoamérica. Se realizan marchas como la del pasado 8 de febrero en la que se solicitó una reforma a la Ley 84 de 1989 para que se penalice el maltrato a los animales y se erradique el abuso.

Ya existen concejales como Álvaro Múnera, quien trabaja arduamente a favor del bienestar animal y es apoyado por activistas. También surgen otras prácticas y servicios: existe un spa con camas cubiertas por pétalos de rosas, hay guarderías con transporte, los animales son protagonistas en redes sociales y se organizan fiestas de cumpleaños para ellos. Ya hay columnistas especializados en el tema y foros donde se busca ayudar solo a perros y gatos.

En medio de este ambiente, algunos que no tienen mascotas se preguntan ¿por qué algunos se convirtieron en abanderados de la causa y no hacen lo mismo con niños, otras personas o problemas urbanos? Al respecto, varios defensores de animales coinciden al opinar que “una cosa no tiene que ver con la otra, no es cuestión de escoger”, otros creen que “cada uno decide a qué le invierte su amor y energía”. Se escuchan frases como: “a algunos nos mueven los animales y no los humanos” o “el amor que dan los animales es incondicional y no te decepcionan como ocurre con las personas”. Otros también explican por qué decidieron tener animales y no hijos: “uno no quiere tener niños pero sí amor. Uno no quiere tener esa responsabilidad tan grande que hay con un hijo”. O: “no quiero tener que volcar toda mi vida en otra persona”. Algunos como el escritor Fernando Vallejo y defensor de los animales escribió hace un tiempo en su cuenta en Twitter: “Cuando estoy cerca de los animales se me calma unos instantes el caos de adentro y creo sentir lo que llaman la paz del alma”. Cuando se ve de cerca el movimiento defensor de animales en la ciudad es posible sentir alegría y admiración por lo logrado y al ver que crece el respeto hacia ellos. Igualmente surge el deseo de que un día, cercano ojalá, la Alcaldía y otras instituciones también logren mover a las personas con tanto sentimiento y determinación hacia otras causas, grupos y problemas urbanos.