Medios, poder y objetividad
Por Isabella Chica Galeano
Universidad Pontificia Bolivariana.
Facultad de Comunicación Social
isabellachicagaleano@gmail.com
Considerar que los medios de comunicación son objetivos es como decir que todas las personas pensamos, sentimos y nos expresamos de la misma forma. Sé que la anterior analogía puede considerarse exagerada, pero demuestra por qué determinados canales televisivos, cadenas radiales o editoriales poseen ciertas inclinaciones políticas y económicas.
Es evidente que no se puede hablar de parcialidad en un mundo donde las comunidades manejan diversos intereses y objetivos. Una sociedad en la cual el poder es cuestión de una minoría.
La división entre las clases sociales deja al descubierto, además de la amplia brecha de desigualdad, que aquellos encargados de manejar el cuarto poder de las democracias modernas son la élite de los Estados, por lo que utilizan su influencia para promover su permanencia en los cargos políticos o conservar su ventaja económica frente a los demás grupos sociales.
Asociar los medios de comunicación con el poder ha permitido que las noticias, opiniones y demás producciones se hallen permeadas del tinte de cada autor, el cual posee pensamientos influenciados por sus conceptos, percepciones, pasiones y odios. El considerar este aspecto nos demuestra que, en gran parte, el periodista tiene “total libertad” sobre lo que escribe y la opinión que genera en los receptores, pero ¿qué sucede con esa “libertad” ante los medios? Para nadie es un secreto que estos tienen la potestad de elegir el contenido que publican, dependiendo de sus intereses particulares como compañía y las asociaciones estratégicas que hayan realizado con influyentes nacionales.
Entonces, ¿existe objetividad en el periodismo? Es sabido que este concepto está sobrevalorado; todos pretendemos ser objetivos, pero, a fin de cuentas, realizamos lo que queremos por una motivación; así mismo, lo hace tanto el periodista, al igual que el medio para el que trabaja.
La objetividad en el periodismo, tal como en nuestra cotidianidad, no existe, y exigirla sería una completa hipocresía, porque cada quien se informa de la manera en que se quiera informar. Entonces, dígame, señor lector, ¿en qué medio quiere confiar?.
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