Columnistas

Millennials sin Facebook

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07 de febrero de 2018

Me llama la atención que algunos millennials no quieran tener Facebook. Por ello me decidí a entrevistar a algunos de ellos y ver por qué prefieren prescindir de esta red social, aún a sabiendas de que al estar desconectados pueden perderse de mucha información y de lo que sucede con sus amigos.

Mary McGeehan tiene 27 años y decidió desactivar su cuenta en Facebook porque cuando accedía a esta red social “me comparaba de manera inconsciente con los demás y me sentía forzada a enfocarme demasiado en mí misma”, confiesa. Ahora, ella dice que puede enfocarse más en aquellas personas con quienes le agrada pasar el tiempo. Por ejemplo, si alguno de sus amigos se compromete para casarse “quiero escuchar la historia entera sobre la propuesta de matrimonio, ¡no solo ver las fotos del anillo!”. Y aunque admite que mucha gente logra usar de manera balanceada su cuenta en Facebook, “yo descubro que el no estar en esta red me trae el reto de ser más humana”.

También entrevisté a un sacerdote de 34 años. El padre Ryan O’Neill, quien decidió desde que se creó esta red social, permanecer al margen de ella. “Mucha gente me ha dicho que es muy bueno seguir en contacto con personas que de otra manera no estarían inmediatamente presentes en tu vida”, dice el sacerdote. “Y creo que este es un aspecto positivo, pero prefiero enfocarme más en las verdaderas relaciones humanas que Dios ha puesto en mi vida local en lugar de invertir en relaciones virtuales y a larga distancia”.

Un estudio realizado por la Universidad de Michigan demuestra cómo la empatía entre los estudiantes decayó en un 40 por ciento con respecto hace diez años, cuando las redes sociales comenzaron a hacerse más populares. “Las pantallas nos pueden separar del dolor real”, aseguró Tim Elmore, presidente de Growing leaders, autor y conferencista. Él dice que, cuando se evita el uso excesivo de Facebook “la empatía puede crecer, lo cual es crucial para ser capaces de ponernos a nosotros mismos en el lugar de alguien más”.

Tal como lo compartieron los millennials entrevistados, los estudios demuestran que aquellos que desactivan su cuenta en Facebook dejan esa preocupación desproporcional por las apariencias. “Uno de los resultados más sutiles y siniestros viene de un mundo lleno de dispositivos portátiles es que las personas ahora son mucho más conscientes de cómo aparece algo de lo que es en realidad”, asegura la psicóloga Christina Lynch. “Se abre mucho más la conciencia sobre la imagen ¿Cómo se ve esto en Facebook? ¿Cómo se va a ver mi reputación si posteo esto?”, dice.

Y a pesar de las ventajas que trae Facebook (encontrar rápidamente un contacto, reconectarse con los viejos amigos, recordar las fechas de cumpleaños, compartir artículos y reflexiones y a la vez nutrirse de otras) quienes prescinden de esta red social o la usan de manera moderada pueden descubrir “los verdaderos talentos y dones que Dios les ha dado. Una creatividad natural puede florecer cuando nos enfocamos en las necesidades de los demás”, concluye la doctora Lynch.