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Montoya se mantiene como el Campeón de la Vida

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30 de diciembre de 2014

Se cumplieron este mes diez años del atentado que casi acaba con la vida del técnico Luis Fernando Montoya. Atentado que detuvo el rápido ascenso en su carrera y en el pico más alto, pero que no acabó con su ejemplar amor por la vida.

¡Qué golpe tan duro fue enterarnos del balazo que recibió Luis Fernando por defender a su esposa de un asalto!

A diario los medios nos iban informado sobre su estado de salud. Temíamos que el desenlace fuera el de su muerte. Opción que parecía la más probable según decían los médicos. Hasta que un día conocimos el diagnóstico final: estaba fuera de peligro, pero tendría que permanecer conectado para siempre a un ventilador mecánico y a un marcapasos diafragmático. Difícilmente podría recuperar el habla y no podría hacer ningún movimiento del cuello para abajo. Pues los disparos le seccionaron la médula espinal y lo dejaron cuadrapléjico.

¿Qué vida puede ser esa? nos preguntamos escépticos muchos de nosotros. Sin embargo, gracias a los tratamientos, fisioterapias, la ayuda psicológica, espiritual y especialmente, al cariño de su familia, Luis Fernando ha desafiado ese diagnóstico inicial.

Hoy El profe sigue con vida. No necesita del marcapasos ni del ventilador, (solo en casos de emergencia) ha podido volver a hablar y logra hacer leves movimientos con los dedos de las manos y de los pies. “La vida hay que lucharla hasta el final”, repite constantemente desde que recuperó el habla.

Hace cuatro años tuve la oportunidad de entrevistarlo para la agencia Zenit de noticias a él, a su esposa Adriana Herrera y a la hermana Cecilia Inés Granado, su terapista de reflexología. Me quedé impactada de cómo el Campeón de la Vida, como se le conoce, no se dejó vencer por la nueva situación de cuadriplejía. De que la silla de ruedas no le impidiera dar clases teóricas de fútbol en dos institutos tecnológicos o de escribir columnas deportivas, dictándoselas a su esposa o a su gran escudero: el motivador Luis Alfonso Sosa.

De Adriana admiro el amor con el que ha cuidado a su esposo. Ha sabido encarnar esa promesa que se hace en el matrimonio de estar a su lado “en la salud y en la enfermedad”, que parece tan romántica a la hora de pronunciarla, pero que puede ser real cuando se atraviesan pruebas como esta.

Adriana me contó que la clave para aceptar las consecuencias que ha traído esta tragedia se encierra en una frase sencilla pero esencial: “jamás sentir que esto se hace una carga”.

“Cada gesto que hago, lo quiero hacer pensando en su recuperación, no mirando las cosas negativas. Eso vuelve a las personas amargadas”, me dijo aquella vez la esposa del profe Montoya.

Admiro mucho a Luis Fernando Montoya. Admiro el amor a su familia que lo hace cada día levantarse y vencer la honda tristeza o la rabia que pueden traer su nuevo estado. Los mismos médicos le han dicho que esto resulta el mejor complemento de cualquier medicina.

El profe sigue poniendo al servicio del deporte colombiano aquello que el atentado no le pudo quitar: sus conocimientos sobre el fútbol, los cuales transmite a pesar de su dificultad para hablar o de su imposibilidad para escribir.

Por eso, aunque su atentado nos trae un triste recuerdo, nos da una mayor alegría: La del ejemplo de alguien que ama la vida, que la lucha por encima de su fragilidad, y que nos enseña a no quejarnos, ni menos a quedarnos atrapados con nuestras propias limitaciones. ¡Gracias por tu ejemplo Campeón de la Vida!.