Muerte y guachafita navideña
Fue una declaración taxativa, de esas que dejan sin aire. La formularon los familiares de los periodistas y el conductor ecuatorianos, secuestrados y muertos por Guacho. La escribieron el viernes, apenas se conoció que tiradores expertos del ejército habían atinado en órganos vitales del fiero jefe disidente.
Comenzó con una frase construida como para marcar el tono general de la página: “Ninguna muerte es motivo de celebración”. Caramba, las víctimas de El Comercio habían sido ejecutadas a sangre fría, luego de que sus parientes rogaron por una negociación. Solo que la sociedad del país vecino no está acostumbrada a la sevicia ni a los refinamientos mortales usuales en Colombia.
Desde marzo de este año que termina padecieron incertidumbre, duelo, carencia de memoria, verdad y justicia que es lo que piden ahora. Y cuando por fin el ejecutante de las muertes es abatido, estos deudos aparecen con un llamado a no celebrar.
El contraste con lo sucedido entre nosotros congela los nervios. La primera autoridad asume la perforación del bandido con una parodia de su nombre: “A alias Guache se le acabó la guachafita”. Un chiste chabacano pero revelador de la miseria que atraviesa por la mente de un país infectado de guerra y sumido en la banalidad de la muerte violenta.
Aquí se había acabado la guerrilla y con ella la guerra. Las escenas de insurgentes hinchados de balas sobre el rastrojo parecían trofeos de épocas perdidas. Es preciso escribir en tiempos verbales pretéritos, pues la foto de Guacho desgonzado y el festejo que se armó en torno de héroes y tumbas indican que algunos necesitan de la sangre para perpetuarse.
Ecuador es distinto. Allá todavía se piensa primero en la dignidad de todos los seres. Allá no piden reparación sino memoria, justicia y ante todo verdad. Mucho menos venganza. Por eso la declaración sobre la muerte de Guacho continúa: “este hecho de ningún modo significa que se haya hecho justicia”.
Había sido reclutado por las Farc a sus 15 años en los paupérrimos caminos del Pacífico. Sus primeras lecciones fueron fabricar explosiones, contabilidad, traficar cocaína. Puso bombas para resarcir a su madre y parientes. No llegó a los 30 años. ¿Dicen algo estas minucias en la biografía de un facineroso?
¿Es su muerte motivo de fiesta navideña?.