NADA CAMBIARÁ DESPUÉS DE LA MATANZA DE LAS VEGAS
Por STEVE ISRAEL
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En los días que han seguido al peor tiroteo masivo en la historia de nuestra nación, tal vez la pregunta que más se están haciendo los americanos es “¿cambiará algo?”. La respuesta simple es no. La pregunta vital es “¿Por qué no?”.
El Congreso ya está haciendo lo que considera su parte. Las banderas han sido bajadas, pensamientos y oraciones twitteados, y en algún momento de esta semana se realizará el último episodio en el drama más largo de C-Span: el momento del silencio. Es como ha respondido a otros tiroteos masivos.
En mis 16 años en el Congreso, la revista Mother Jones ha contado 52 asesinatos masivos. Pocas lecciones sobre el Congreso fueron más duras que las que aprendí sobre por qué, después de cada una, nada sucedió. Aprendí que toda la política es local, y en el asunto de las armas, es difícil construir un puente político desde Huntington, N.Y., hasta Huntington, Ark.
Hubo momentos en los que pensé, “finalmente, haremos algo”. Recuerdo estar sentado en mi escritorio en mi oficina distrital en Long Island observando las espeluznantes imágenes de los asesinatos de 26 niños y adultos en el colegio Sandy Hook en Newtown, Connecticut, en el 2012, y al presidente Barack Obama con lágrimas corriendo por su rostro. Yo estaba confiado en que por lo menos ampliaríamos los chequeos de historiales o haríamos más difícil para que personas con enfermedades mentales consiguieran armas.
Mi confianza disminuyó cuando oí a mis colegas transformar esto en un debate sobre los derechos de los dueños de armas en vez de sobre el derecho a la vida de los niños.
“Finalmente, haremos algo”, pensé después del tiroteo masivo en una discoteca en Orlando, Florida en junio de 2016. Estaba en una reunión de liderazgo con Nancy Pelosi cuando escuchamos que varios colegas habían comenzado una sentada para forzar a la Cámara a abordar la violencia con armas de fuego.
El Congreso actuó. Los demócratas ofrecerían enmiendas para evitar que las personas que figuran en la lista de vigilancia terrorista adquieran armas de fuego. Fácil, pensé. Si eres demasiado peligroso para abordar un avión, eres demasiado peligroso para comprar un arma de asalto. La enmienda fracasó.
También lo hicieron nuestros intentos por anular la infame Enmienda Dickey, la cual evita que el Centro para el Control de Enfermedades investigue la relación entre violencia con armas de fuego y salud pública. El gobierno no puede estudiar la violencia armada, pero está gastando US$ 400.000 analizando los efectos de masajes suecos en conejos.
¿Por qué? Tres razones.
Primero, el lobby de las armas se ha polarizado más. La Asociación Nacional de Rifles, una vez promotora de medidas sensatas de seguridad para las armas, ahora se opone a ellas por las organizaciones competidoras. Más moderación significa menos acciones en el mercado. El lobby de las armas está en una carrera para ver quién puede ser más desvergonzado, más extremo.
Segundo, la reordenación congresional ha jalado a los republicanos tan lejos hacia la derecha que cualquier cosa menos que total sumisión al lobby de las armas es visto como apoyo a la confiscación de armas.
En tercer lugar, el problema es usted, el lector. Se ha inoculado. Leerá este ensayo y otros similares, y volteará la página o hará clic en otro enlace. Verá o escuchará las noticias y sacudirá la cabeza, luego cambiará a otro canal u otra aplicación. Este horroroso acontecimiento se esfumará en nuestra memoria colectiva.
Con eso están contando los lobistas de las armas. Quieren que lo olvide. Quieren que acepte las muerte de al menos 58 niños, padres de familia, hermanos, hermanas y amigos como la nueva normalidad.