Columnistas

Náufragos

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18 de mayo de 2016

Una de las grandes conquistas del periodismo fue emprendida por un hombre a quien conocemos por ser el pionero de un género: los relatos de náufragos. El mundo todavía no ha reconocido en toda su grandeza al genio de Daniel Defoe (1660–1731), y no solo aludo a su obra clásica “Robinson Crusoe”.

Ese hijo de una humilde familia londinense, también escribió “El Diario del año de la peste”, “el primer antecedente moderno de periodismo narrativo”, como lo denomina el maestro Juan José Hoyos. Pero, tal vez, su mayor aporte al periodismo subyace en sus escritos panfletarios: Defoe ayudó a trazar la línea limítrofe entre el periodismo de información y de opinión.

Cuando me refiero a esa delimitación como una gran conquista para el periodismo, no significa que lo sea solo para un oficio o profesión: lo es para la democracia misma. En el momento en que un medio de comunicación establece una línea clara entre la opinión (como esta columna, por ejemplo), y la información, hace una declaración de principios ante el lector.

En este espacio, yo puedo entregarle a usted información nueva o conocida, pero siempre a través del filtro de mi interpretación del mundo. Como en toda forma del periodismo, debo honrar la verdad (pacto básico de la profesión): cada pilar argumentativo podría ser contrastado con la realidad sin incurrir en falsedades.

Si este texto argumentativo, subjetivo, fuera publicado sin el rótulo de opinión, habría una trampa implícita.

Entonces, ¿los otros dos géneros del periodismo, aparte de los informativos (interpretativos y de opinión), son prístinos en su objetividad?

El criterio de objetividad en el periodismo es un debate que se ha aclarado muchísimo gracias al periodismo narrativo y su énfasis en el punto de vista: aun cuando un periodista informa, en la elección de las fuentes o en la jerarquización de la información hay subjetividad: ¿cuál noticia elijo y cuál dejo por fuera?, ¿qué foto ilustrará el texto?...

No obstante, para ponerle límite a la subjetividad, en los géneros informativos hay dos principios no negociables e interdependientes: apelar por lo menos a una segunda fuente que permita construir la verdad desde varios puntos de vista, y el equilibrio informativo. (Pura carpintería de la técnica periodística, en aras del pluralismo).

Las audiencias dejaron de ser incautas. En su proceso de formación, las redes sociales han jugado un papel esencial: han preparado a los lectores para superar la simple suspicacia, para entender cuándo se les habla como interlocutores dignos... y cuándo se ofende su inteligencia.

La semana anterior, EL COLOMBIANO dedicó su portada y tres páginas internas completas al senador Álvaro Uribe Vélez (cuya voz importa en esta coyuntura, sin duda). En otra oportunidad anterior, este diario le dedicó una especie de “edición especial” al expresidente. La excusa de la semana pasada fue el Proceso de Paz, tema que ocupó solo dos páginas en la edición citada.

Una posición editorial acicalada como información objetiva.

Viéndolo bien, los escritos de Defoe, tanto de ficción como de no-ficción, siempre tuvieron implícita alguna forma de naufragio.