Columnistas

Niños aburridos

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10 de julio de 2017

Cuando llega el fin del año escolar y la época de vacaciones algo mágico sucede en los niños. De pronto ya no les da flojera levantarse temprano, y justo a la hora en que hace unos días estabas luchando por quitarles las cobijas y llevándolos al baño para que se lavaran los dientes te están despertando ellos a ti para preguntarse si de verdad están de vacaciones. Para muchos padres la época de vacaciones es quizás la más dura del año. No solo somos responsables de nuestros hijos y su educación, sino que también nos hemos vuelto unas compañías de entretenimiento. A veces siento que no solo me ven como su mamá, su protectora, su compañera, sino que ven en mí una especie de parque de atracciones. Si están aburridos yo tengo que solucionar, que proveer distracción, actividad, solución al tiempo muerto.

Muchos padres nos quejamos de lo mismo. Nos queremos halar del pelo cuando llegan las vacaciones. Sobre todo por el trabajo, porque es una locura tenerlos en casa y no tener a dónde llevarlos o tener que solucionar un tema de una junta o algo urgente mientras te interrumpen o gritan, o le suben el volumen a la televisión a más de lo que el oído humano puede soportar. Se aburren, y eso nos da terror. Porque niño aburrido exige que los padres solucionemos.

Lo de que los niños aburridos vuelven locos a los papás siento cada vez más que es una actitud que asumimos como padres, más que lo que sucede en realidad. Creo que ni siquiera llegamos a darles el chance de que se aburran del todo. Mis padres trabajaban ambos y mi mamá no estaba en la casa para que yo la volviera loca pidiéndole que hiciera toda actividad conmigo, o que me resolviera el problema de “mami, ¿qué puedo hacer ahora?” O “¿a dónde vamos a ir?”

No sé si son los iPads, los juegos electrónicos, los colegios o si somos nosotros. Yo no crecí en un hogar donde siempre había un plan. Hoy por hoy me encanta hacer cosas con mis hijos, desde abrir hoyos en la arena, hasta verlos patinar o llevarlos a museos, pintar, hacer rompecabezas, pero a veces siento que en esa presión que me pongo de ser entretenedor lo máximo que me alcance el tiempo, les quito la oportunidad de aprender a hacer sus cosas.

Tienen sus cuartos llenos de juegos y posibilidades, pero muchas veces cuando uno les dice, resuelve tienes que aprender a estar solo, invéntate algo, uno se siente culpable, porque tenemos esta noción errada de que ser un buen padre es resolverlo todo por ellos, sin darnos cuenta que a la larga con esta actitud no les estamos haciendo ningún favor, sino todo lo contrario.

Cuando era pequeña durante las vacaciones la mitad del tiempo mis padres me mandaban al típico curso de verano en el que uno hacía deportes y manualidades y pasaba el rato ocupado, pero el resto era simple y llanamente para aburrirse. De ese tiempo sola mirando el techo, dando vueltas en mi casa, aprendí la desesperación, pero también a estar conmigo misma. Leía, hacía mis propias revistas, vi películas mil veces, di vueltas, vestí muñecas, invité amigos, me aburrí hasta el cansancio. Más tarde aprendí mecanografía, otro año trabajé en una librería y así fui inventando actividades. Hoy por hoy casi nunca me aburro. Es cuestión de hábito, que aprendí más allá del curso de verano, o de lo que pude hacer o no cosida a la falda de mi mamá. Es que creo que lo más importante que aprendí de esos días fue a imaginar.

La imaginación es lo que nos da soluciones a los problemas que nos presenta la vida, del tamaño que sean. Más allá de nuestras destrezas, necesitamos imaginar porque ese mundo propio, que sale de la nada, nos permite hacer todo mejor, desde el amor, hasta las operaciones matemáticas más complejas. En la imaginación formamos caminos, vencemos obstáculos, nos reinventamos, rompemos paradigmas, incluso la imaginación nos ayuda a enfrentar la rutina y a no dejarnos devorar por ella.

Estamos siempre preocupados porque nuestros hijos tengan un plan, que estén ocupados, pero quizás lo importante es enseñarles a vivir con ellos mismos. Dejarlos que se aburran es también enseñarlos a usar su imaginación y su inteligencia.