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No es ‘comisión’, es soborno

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09 de diciembre de 2014

¿Qué vamos a hacer ante la corrupción de los empleados de empresas privadas? Según un estudio de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), en el 53 por ciento de los casos de corrupción que ese organismo estudia desde hace 15 años, están involucrados los más altos ejecutivos de las empresas privadas. Se llama soborno corporativo, y consiste en la participación consciente y generalizada en sobornos, de los ejecutivos con más altos cargos de las compañías.

Esto hace parte de una de las peores crisis que ahora vivimos, que es la producida cuando las normas y leyes son burladas por quienes pretenden conseguir de cualquier manera sus propios objetivos, a sabiendas de estar evadiendo las leyes. Leyes y normas puestas allí para salvaguardar el interés común por encima de intereses particulares.

A algunos les da pena llamarlo ‘soborno’, entonces le dicen ‘comisión’, pues pretenden engañar la propia carga de conciencia. Muchas personas están convencidas de que hoy es imposible trabajar o conseguir algún resultado si no es con un presupuesto abultado para las tales ‘comisiones’. Aquí se paga comisión por todo: para que un empleado X permita que un producto, y no otro, se venda en un almacén de cadena. Para lograr que sea la empresa Y, y no la Z, la que obtiene permiso de explotación minera. Para lograr licencias leoninas de construcción, de funcionamiento, de comunicaciones y de cuanta cosa más se ocurre.

Estamos ante un panorama tan oscuro, que muchos están convencidos de que los entes gubernamentales hacen enredados los trámites, de tal manera que la ‘única’ forma de conseguir ágilmente algún permiso, es saltándose las normas a punta de sobornos. Pero por otro lado, en algunos ámbitos pareciera cierto que muchas personas solo funcionan a punto de sobornos.

Ni los unos para tranca, ni los otros para puerta.

Y en la mitad del sándwich está la gente honesta que por convicción insiste en cumplir normas y leyes, aunque quede en franca desventaja por no usar métodos fraudulentos para conseguir resultados.

No se puede seguir alimentando la idea de que las normas y leyes son un adorno social creado para, precisamente, burlar de cualquier manera. ¿Por qué cuesta tanto entender que si se sigue imponiendo el soborno a pequeña o grande escala, volveremos al estado silvestre cuando funcionaba la ley del más fuerte, convirtiendo en caos la convivencia social? La humanidad ya pasó por esa forma de vida y entendió que en lugar de avanzar la hace retroceder, ¿esta generación tan ‘avanzada’, no es capaz de comprender ese concepto?.