No hay redentor
Nunca, como en este tiempo, las estrategias de manipulación humana son tan poderosas y efectivas. La mayoría de la gente se deja influenciar por la artillería propagandística que despliegan los estrategas de campaña, que logran mostrar a su candidato como el redentor (y como los votantes tienen el corazón enamorado de él, se lo creen) y al oponente como el mismo satanás.
Y aunque en este tiempo de calor electoral las campañas a favor y en contra son capaces de hacer creer a los votantes que fulano de tal es la salvación para el país, la historia ha demostrado, después de un tiempo de comenzado el mandato, que el personaje elegido nada tenía de salvador.
Salgamos a votar, pero no con la esperanza de que votaremos por un redentor. Ninguno de los que llega allá es autónomo, las deudas no lo dejarán mover como les hace creer a sus electores que podrá actuar para “salvar” al país:
Primero: debe favores a todos los que lo ayudaron a ganar con plata y con votos, que no son pocos (de adentro y de afuera); y eso solo ya significa que, como mínimo, le debe el alma al diablo. Recuerden que los que hacen esos favores son personas o corporaciones con sus propios intereses y actuarán conforme a ellos, en los cargos y contratos que reciban. Esos funcionarios y empresas harán algunas cositas para acallar su propia conciencia y apaciguar el reclamo del pueblo; pero, su interés primordial estará centrado en lo propio.
Segundo: quien quede de presidente llega a dirigir un país completamente endeudado: a enero de 2018, la deuda externa del país era de 347,1 billones de pesos (el presupuesto para 2018 es de 235.6 billones de pesos), así que ese presidente deberá moverse cumpliendo con las exigencias de los acreedores internacionales, no de acuerdo con sus patrióticas intenciones. Según un informe publicado por el periódico Vanguardia, a junio de 2017, Colombia estaba más endeudado que Venezuela, Ecuador, Uruguay y Bolivia.
Así que calmados. Saldremos a votar por la democracia, pero no con la expectativa de elegir al redentor. La redención está abajo: en lo que cada colombiano hace, con honestidad, en el pedacito que le toca en la vida. Los cambios nunca empiezan arriba, los cambios siempre empiezan desde abajo.