No hay seguro contra idiotas
El domingo pasado en la final del evento ciclístico realizado en Medellín, vimos a esos idiotas que invaden irresponsablemente la vía para perseguir a los corredores, a quienes los cómplices de la estupidez llaman “hinchas” o “aficionados”. Uno de ellos terminó, así sea involuntariamente, interrumpiendo el paso de Nairo Quintana e Iván Ramiro Sosa y haciéndolos caer. Afortunadamente el incidente no fue más severo y las capacidades de estos exponentes de uno de los deportes más peligrosos del mundo, les permitieron superar brillantemente esta adversidad. Lo que desconcierta es ver como el esfuerzo de toda una vida, los sacrificios físicos y familiares de estos deportistas pueden venirse al suelo en un solo segundo por culpa de un idiota, incluso arriesgando sus vidas.
La sociedad puede asimilarse a un tejido o urdimbre donde todos somos un hilo o cadena de sucesos y decisiones, que inevitablemente se entrecruza con otros, sus acciones y decisiones. Cada vida es una cadena en la que algunos eslabones no son escogencias voluntarias sino intersecciones con otras cadenas vitales, algunas tan maravillosas que le dan luz y color a nuestra existencia. Pero otras, son con idiotas que para el planeta habría sido mejor que nadie los hubiese fecundado, quienes ponen en peligro el desarrollo de nuestras vidas y hasta la viabilidad del tejido social.
Como toda cadena, su fortaleza no es la del eslabón más fuerte sino la del más débil y por eso el contacto voluntario e involuntario con idiotas es una amenaza existencial, que lastimosamente no puede evitarse del todo. El periodista y novelista Ron Burns dice que “No se puede hacer nada a prueba de idiotas, porque los idiotas son tan ingeniosos”. Sería tonto negarlo, pues hay idiotas, los más peligrosos de todos, esos con iniciativa y determinación, que logran conseguir sus propósitos, incluso sin saberlo, pues por algo son idiotas. Pero lo grave es que la amenaza no se reduce si la interacción es solo con “un” idiota, aunque si son varios su efecto sinérgico es descomunal. El poder de un idiota es enorme. Ni siquiera una agrupación de genios tiene la garantía de cambiar al mundo o mejorarlo sustancialmente, pero un solo idiota es capaz de destruir el esfuerzo continuado en el tiempo de muchos.
Pero si un solo idiota, por ejemplo, un borracho o drogado que arrolla en un carro a una persona destruye una vida de sacrificios y posibilidades de muchos, es aterrador tener que aceptar que el peligro es abrumador, casi paralizante, cuando descubrimos que el número de idiotas es enorme y crece peligrosamente.
Es normal que haya idiotas en el mundo, siempre los ha habido, pero ahora están abusando, empoderados con tantos “derechos”. En este país la cifra oficial de idiotas no es conocida, pero el año pasado tan solo en un sondeo “parcial” realizado en junio, se registraron 8 millones.
Aléjense de los idiotas, además de peligrosos, la idiotez es muy contagiosa.