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No importa el ministro, sino la polÍtica de consensos

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01 de mayo de 2016

Como pasajero de este barco, con preocupación he venido observando cómo en cada puerto se cambian los miembros de su tripulación sin que se le hagan los ajustes necesarios a su peligrosa carta náutica. Recordemos que este instrumento es un mapa que representa gráficamente la realidad de la superficie marina a una escala semejante, orientada y exacta, donde se indican las profundidades del mar con detalle que le permite al capitán trazar los mejores rumbos con toda la precisión posible y en todas las circunstancias previsibles, y navegar llevando con seguridad a sus tripulantes a un mejor destino, sorteando los más grandes peligros. De igual manera, todas las políticas del Estado deben ser trazadas así.

¿En Colombia quién nos está haciendo estas cartas? ¿Quién nos dibuja la realidad a una escala semejante, orientada y exacta? ¿Quién hace que el capitán trace esos rumbos? ¿Quién suministra la información para que el capitán sortee los más grandes peligros? ¿Quién los ajusta o modifica? Diría que deberíamos ser nosotros mismos, la sociedad, pero creo que hasta ahora no es así.

El cambio de tripulación, tal como lo fue el cambio de ministros y del equipo presidencial, no corrigió las políticas rechazadas por la nueva sociedad, especialmente, las relacionadas con la gestión de los recursos naturales y el cuestionado desempeño del Ministerio de Ambiente y del ANLA,, como máximas autoridades protectoras de los recursos naturales y del derecho que tenemos todos los ciudadanos a un medio ambiente sano.

Se equivocan al pensar que cambiando a un ministro de Caldas por otro del Chocó, la nueva sociedad dejará de demandar y vigilar los decretos y decisiones que nacen de las propias entrañas del Gobierno y que en muchos casos siguen atropellando el patrimonio natural y social.

Mientras no se ajuste el rumbo de la carta de navegación estatal de la política de desprestigio de lo natural hacia lo macro comercial y extractivista, el país no avanzará hacia un rumbo seguro y en paz. Sencillamente, porque la sociedad cambió y no se lo permitirá. No está de acuerdo con la imposición a la fuerza de cambios de vocación de sus suelos sin las consultas previas ni los permisos o licencias necesarias para evitar los peligros generados por dichas transformaciones.

El inconformismo no es contra las personas que ungen con la función de ministro (que a propósito, pasó de ser la máxima autoridad ambiental a un tramitador de licencias ambientales para intereses individuales, no colectivos) sino con su nueva delegada función de otorgar todas las licencias y permisos que le sean solicitadas sin expresar ni siquiera su desacuerdo, porque dicha gestión es considerada ahora un obstáculo.

La sociedad colombiana cambió. Y tal como lo dijo la Corte Constitucional hace dos años, la clave está en definir acuerdos entre lo que piensa Bogotá con los intereses de las comunidades.

No podemos seguir siendo esclavos de ideologías de otros sino de aumentar nuestra capacidad de lograr consensos colectivos.

Así las cosas, el nuevo ministro de ambiente tendrá los mismos retos del ministro saliente. Se espera que rechace abiertamente la ejecución de actividades y tecnologías que pongan en riesgo la salud de los colombianos y de los recursos naturales sin estudios serios que demuestren lo contrario, como el fracking o la exploración y explotación de recursos naturales en ecosistemas estratégicos o áreas protegidas, como por ejemplo, en Santurbán. Se espera que defina las reglas claras de participación comunitaria, base para decidir sobre los nuevos usos planeados, con estrategias de educación, información y formación de sociedades bien informadas sobre beneficios y peligros que la demanda de sus recursos trae.

Es decir, lo que se necesita son nuevas personas que dibujen de manera orientada, clara, y actualizada los peligros marinos y submarinos. Que ubiquen bien los faros, balizas, luces, boyas, islotes, molos, pontones, rocas, cerros, fondeados, zargazales, mareas, perturbaciones anormales y, por supuesto, el adelanto o atraso en el cambio de la corriente .