Columnistas

No me corten el agua

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04 de julio de 2015

Una mezcla de impotencia y tristeza es lo que queda después de ver cómo le cortan a una señora mayor el agua durante una mañana de junio en Medellín. Todo empezó un martes después de feriado a eso de las 8 y 15 de la mañana cuando al lugar llegó un carro con hombres de Empresas Públicas de Medellín. Tocan la puerta de una casa y abre una señora que aparenta tener unos setenta años. Con lista en mano, uno de los hombres le anuncia a la mujer que en los segundos siguientes procederán a cortarle el agua y la energía. La señora llora y les pide que “no me corten el agua, vuelvan más tardecito”. Dice que una de sus hijas no pudo pagar antes porque fue festivo y pasaron el fin de semana en el hospital. Les suplica a los técnicos regresar en dos horas porque ya vienen los nietos pequeños que está cuidando para que la mamá de ellos, su hija, pueda trabajar. Agrega que en su casa también viven 2 perros y un gato. Uno de los técnicos dice que debe cumplir con su trabajo, suspender el servicio y le informa que si pagan, el agua será reconectada en un plazo aproximado de 24 horas, “tal vez un poco más”.

Cuando uno ve situaciones como esta surgen preguntas: ¿Por qué EPM está desconectando un servicio vital a una vivienda donde hay personas que cuentan con protección especial de la Corte Constitucional como es el caso de adultos mayores y niños?

El alto tribunal ya ha establecido que si una persona no paga uno de los servicios públicos por un hecho incontrolable, involuntario o insuperable y si ese servicio es vital para una vida digna, no pueden cortarlo. Y menos si en la vivienda habitan personas con protección especial como las mencionadas anteriormente. En sentencias emitidas por la Corte ante tutelas interpuestas contra EPM por el corte del agua, ese organismo ha sido claro: “cual sea el motivo que las anime, las acciones encaminadas a racionalizar, suspender o desconectar el servicio público de acueducto a una vivienda, suponen una interferencia en los derechos fundamentales de quienes habitan en ella”. Aunque EPM ha implementado programas como “Mínimo Vital” que le suministraron gratuitamente agua potable a personas de los estratos más bajos, esto no es suficiente para una empresa pública de ganancias millonarias. ¿Cómo le ayuda EPM a personas de otros estratos o sin Sisbén? ¿Qué otras facilidades va a darle a quienes no pueden pagar sus cuentas de servicios en un plazo de dos meses? Cuando Diego Calle, emprendedor y uno de los gerentes más recordados de EPM expandió el acueducto municipal, lo hizo pensando en crecer sin olvidar la causa social ni la gente. Si somos una ciudad innovadora y “para la vida” y EPM presentó una utilidad neta de 1.8 billones en el 2014, ¿por qué un líquido vital como el agua aún no llega a ciertos barrios de la ciudad? ¿Por qué ante un retraso en el pago le cortan de inmediato el agua a la gente? Líderes urbanos que han estudiado el tema afirman que los ciudadanos debemos sentir en nuestra vida diaria que EPM es nuestra y como tal debemos tener derechos a los servicios básicos y mínimos.