Noticias: de galaxia a cosmos
El rango de la información pasó de galaxia a cosmos. Hasta comienzos de este siglo XXI las noticias se dejaban contabilizar igual que planetas solares o que centenares de miles de estrellas en Vía Láctea. Un solo medio de comunicación, casi siempre escrito, era capaz de englobar cada 24 horas los sucesos galácticos, imponía la agenda informativa. Lo que no aparecía en sus páginas sencillamente no existía.
El diario mayor ponía y quitaba presidentes de la república, implantaba con dedo índice lo decente e indecente, establecía el color de los atardeceres y el sabor del agua en los grifos. Uno de sus dueños, al ser interrogado sobre si quería llegar a la primera magistratura, respondió que no, que ser director del periódico era como gobernar el país durante quince años.
La galaxia noticiosa mantenía su prodigioso equilibrio de satélites, cometas, órbitas, eclipses y aguaceros, desde notas editoriales donde un solo profeta de un único dios pontificaba sobre vida, muerte y resurrecciones. La vida estaba regulada así desde la fundación del periódico, que equivalía a la fundación del país verdadero.
Muy rápidamente, casi de repente, la Vía Láctea resultó reducida a una mancha hipotética que flota con precariedad evadiendo peligros de agujeros negros, explosión de supernovas, expansión incesante de un cosmos con espacio y tiempo huraños a las tacañas mediciones humanas.
Este nuevo Big Bang, acontecido en el cerebro de cada hombre, tuvo como instrumento casi mágico la triple dobleú de internet y sus agregados interminables de cada tres meses. Al lado del monopólico poder del periódico nacional, surgieron páginas y páginas de luz que dieron reporte sobre miríadas de galaxias excluidas.
Estas recortaron el idioma, imbecilizaron las interjecciones con caritas felices, disputaron a la poesía síntesis medidas en caracteres, llevaron a todo rincón e instante urgencia de imagen y voz para contar los incidentes. Todas las personas, los adolescentes adelante, se convirtieron en reporteros. Cada cual emitió desde su cúmulo nimbus, como rey de nubes, fragmentos de realidad que unos tras otros son la realidad.
El trono secular colapsó. Informarse es hoy habitar una telaraña cuyo centro son muchos centros, todos los centros. Nadie dicta agenda, todos son su propia agenda .