Nueva anarquía criminal en Medellín
Este es un valle de contrastes: mientras a las cuatro de la tarde del viernes 23 de noviembre estallaba una granada en un callejón de la Comuna 13, cuyas esquirlas cribaron el cuerpo de un menor de 13 años, en el Parque Principal de Envigado la muchedumbre esperaba que a las 7:00, al caer la noche, se encendiera el alumbrado navideño. Solo una línea recta de unos 7 kilómetros separaba aquellas dos realidades.
Así es el imaginario de esa metrópoli que el país y el mundo llaman, genéricamente, Medellín. Una urbe que se cree recuperada de sus violencias, pero que a diario recoge y entierra gente asesinada con pasmosa frialdad e indiferencia.
Es la misma donde hace cuatro y cinco años su entonces alcalde Aníbal Gaviria se molestaba cuando le preguntaban por los tiroteos y los desplazados intraurbanos, los mismos que hoy continúan. La Medellín del develado pacto entre las bandas para bajar la tasa de homicidios y hacerles creer a todos que aquí no pasaba nada.
Hoy Federico Gutiérrez, después de levantar el tapete, ha descubierto que la casa estaba invadida por las plagas, ocupada por roedores que se multiplican en los barrios y para los que no parece haber controles ni trampas eficaces.
Los últimos 15 años, esa ciudad vivió el efecto de la “donbernabilidad” de Sergio Fajardo y Alonso Salazar, y la política de “hagámonos pasito” de Gaviria Correa. Se escucharon las teorías pretensiosas sobre la urbe renovada, transformada y en paz, de algunos académicos fletados para no hablar mal ni ir en contravía del sueño del valle de la innovación y el milagro de la convivencia. Ahora Federico Gutiérrez intenta responder a una jauría desbordada de microtráfico, extorsión y “fleteos”. Captura a 100 jefes y aparecen otros 200 que se pelean un crimen de botines y territorios fragmentados. Enfrenta la anarquía de bandas atomizadas, sin patrones absolutos, sin amos y señores que concentren el mando. La metrópoli de los mismos pecados: desbaratada moral y culturalmente por otra oleada de narcotráfico y mentalidad criminal. Penetrada hasta los huesos por la prostitución de su juventud, de vírgenes en oferta, de redes de proxenetas, de comandos que asaltan caletas y pistoleros sofisticados que se encargan de vendettas y cobros de deudas. Con policías y ex policías corruptos, varios al frente del hampa de alto nivel.
Que habíamos tocado el cielo, mentiras. Que estamos cerquitica de parecernos a Toronto, Amsterdam y Oslo, fanfarronerías. Mientras arrojen granadas y disparen desde taxis, a plena tarde, mientras haya gobiernos y agentes tan corruptos, abajo muchos seguirán creyendo que lo mejor es robar y matar al que se atraviese en el camino, en estas calles todavía asediadas por tantos peligros.