Columnistas

ODA AL CINISMO

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19 de octubre de 2017

Las Farc no tienen reparo alguno en posar de víctimas y reclamar una condescendencia que no merecen y que nunca merecieron. La escena ocurrida en el Congreso hace pocos días con “Jesús Santrich” indignado porque lo llaman asesino, es solo una muestra más de la negociación en la cual se les ampara a ellos con “el derecho a no ser estigmatizados” como si los envalentonados miembros de ese grupo guerrillero hubieran dejado de ser criminales por todos sus hechos del pasado, a los ojos de los colombianos.

Ahora empiezan a mostrar lo que significa esa parte del acuerdo cuando amenazan con una demanda penal al representante a la cámara que protestó con su presencia en el recinto del Congreso a pesar de no haber tenido ninguna condena por parte de la JEP. Es decir, “los pájaros tirándoles a las escopetas”.

En la campaña de 2014, el candidato-presidente Juan Manuel Santos aseguraba que bajo ningún concepto, el acuerdo de paz significaría impunidad. Tildaba él de “mentiroso” a quienes señalábamos que las Farc iban a hacer política sin haber pagado un solo día de condena. Juan Fernando Cristo –en esa época Ministro del Interior- señalaba que “podrán participar en política los integrantes de las Farc que renuncien a las armas después de la firma de acuerdo refrendado por los ciudadanos y después de cumplir las penas impuestas por la justicia transicional.

El Gobierno pisoteó la voluntad popular del plebiscito del 2 de octubre y no dijo la verdad cuando aseguró que la justicia sería requisito para la participación política de los desmovilizados. Para “Santrich”, él es un ciudadano común y corriente que ya fue amnistiado y que “no hay forma de comprobar que es un asesino”. Si esto es cierto ¿En qué momento respondió ante la justicia? ¿En qué momento dijo la verdad?

Nos indigna que quienes por décadas secuestraron, asesinaron, reclutaron niños, extorsionaron, contaminaron ríos con la minería ilegal e inundaron al país con el cáncer del narcotráfico, posen ahora como rockstars y se pavoneen como “salvadores de la Patria” en el Congreso y a lo largo y ancho del país. La carta de los familiares de los diputados del Valle exigiendo que los miembros de las Farc paguen sus condenas antes de participar en política, es manifestación de esta indignación.

La paz no es aceptar que un grupo guerrillero “haga trizas” la democracia, ni que ante el dolor de las víctimas por la ausencia de verdad responda Santrich cantando: “¡Quizás, quizás, quizás...!”. Una cosa es la disposición al perdón de la sociedad colombiana y otra diferente burlarse de todo y de todos sin guardar el más mínimo recato ante una institucionalidad que por más maltrecha que se encuentre, nos corresponde a todos respetar, recuperar y volverla confiable.

Como advertimos siempre los del NO, las Farc no tienen intención de trabajar por la paz, sino la de alcanzar el poder. Tenemos que darles un mensaje contundente: Colombia tiene aún democracia, instituciones y personas dispuestas a defenderlas.