¡OJALÁ QUE LOS NIÑOS SE ABURRAN!
Con el creciente interés por la espiritualidad en los últimos años, muchos padres están deseosos de enriquecer la vida espiritual de sus hijos y contrarrestar así el materialismo, el consumismo y todos los demás excesos derivados de una vida rica en bienes pero pobre en riqueza interior.
Lo que parece ignorarse es que la espiritualidad no se enseña tan solo con sermones y clases de religión. La riqueza espiritual se alimenta, ante todo, del estilo de vida que llevamos. Un medio para entenderlo es observar cómo han vivido quienes han sobresalido como líderes espirituales porque son personas que se han dedicado ante todo a servir al prójimo y muy poco a hacer o tener más cosas, más dinero, más poder... por lo que su vida se caracteriza por la sencillez, la bondad y la ecuanimidad.
Estas características parecen imposibles en la vida actual debido a que nuestra calidad como personas depende de lo que ganemos y logremos. A la vez, nuestra capacidad como padres se mide por los esfuerzos que dediquemos a mantener a los hijos contentos y ocupados. Como consecuencia, se ha ido asumiendo como una obligación inherente a la condición de ser buenos padres, estar atentos a que los hijos estén divertidos.
De ahí que los horarios de los niños vivan sobrecargados de diversiones o actividades y que cuanto minuto tienen libre se rellene con la televisión o la computadora para que no molesten. Sin embargo hoy, más que nunca, ellos viven aburridos porque, al estar constantemente distraídos con el mundo exterior, se sienten vacíos porque no tienen oportunidad para conocerse y enriquecer su mundo interior.
Contrario a lo que podría pensarse, el aburrimiento es importante para los hijos porque al estar solos, sin distracciones ni actividades, los niños tienen la oportunidad de descubrirse y de conocerse a sí mismos. Es en la soledad y la calma cuando ellos se pueden poner en contacto con lo más profundo y bello de sí mismos, aquello que llamamos el alma, que es el espacio donde se gesta su abundancia espiritual.