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Ojo! Paciente en cuidados intensivos

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26 de octubre de 2017

La economía está en cuidados intensivos y (ya es hora de que el Gobierno deje de pretender maquillar una realidad que ya no puede ocultar). Dentro de las muchas promesas incumplidas que ha hecho el presidente, una de ellas aseguraba que “luego de la paz, Colombia alcanzaría un crecimiento del PIB de entre el 5.5 y el 6.9 %”. A estas alturas, las proyecciones del Banco de la República señalan que el crecimiento solo será de un precario 1.8 %; muy lejos de lo que se había proyectado.

Si bien es cierto que la caída de los precios del petróleo afectó de manera drástica los ingresos con los que contaba el Estado, también es cierto que hubo un derroche sin precedentes por parte del Ejecutivo para autopromocionarse con la pauta oficial y construir una poderosa maquinaria política y electoral por medio de la llamada “mermelada”a sus amigos de la Unidad Nacional en el Congreso.

Si en época de bonanza se hubiera pensado más en invertir en sectores estratégicos como la agroindustria, la ciencia, la tecnología y la innovación, la historia habría sido muy distinta. El presupuesto estatal manejado por el Gobierno sirvió para “pavimentar” la aspiración presidencial de varios candidatos que ahora aparecen en la arena electoral y de un montón de políticos y contratistas corruptos que no tienen, ni tuvieron, reparo alguno en desangrar el erario.

La economía está en crisis y es necesario estimular el emprendimiento y la creación de empresa, así como darle garantías jurídicas y tributarias a las ya existentes. Es absurdo imponer una carga tributaria excesiva y requisitos burocráticos exagerados que desaniman la inversión y amenazan un éxodo empresarial a otros países y la reducción de producción en el territorio nacional, con enormes riesgos para el empleo.

Para cubrir el hueco fiscal, fruto de la negligencia gubernamental, se presentó una reforma tributaria que terminó de asfixiar al empresariado y a los estratos medios y bajos, lo que genera más informalidad. Antes de cualquier nueva reforma se debe sincerar el estado de las cuentas nacionales. Hoy hasta los ahorros de los colombianos están en riesgo con el apetito voraz del gobierno, pues su intento de descapitalizar el Fondo Nacional del Ahorro en etapa electoral, es una estrategia para apoyar a los candidatos fieles a la “Unidad Nacional”.

La única forma que tenemos de revitalizar nuestra economía es estableciendo una política de Estado sobre gasto eficiente, eliminación de burocracia innecesaria resultante de las cuotas a los politiqueros de siempre, reducción de impuestos a la actividad empresarial y, sobre todo, articular el sector privado, académico y estatal para desarrollar proyectos productivos que conviertan las ventajas comparativas en ventajas competitivas para el mercado nacional e internacional.

El capital más valioso de los colombianos es nuestra inteligencia, disciplina y capacidad de trabajo. Tenemos que poner el conocimiento en función del desarrollo y colocar al trabajador en el primer lugar de nuestra sociedad. Los recursos públicos –fruto de nuestro trabajo- NO son la caja menor del gobernante.