Columnistas

Oportunistas en la desgracia

Loading...

Doctor en Ciencias Sociales, Magister en Estudios Humanísticos y Periodista. Es columnista semanal de El Colombiano y profesor en Eafit de temas relacionados con la historia contemporánea, la geopolítica y el periodismo.

08 de agosto de 2017

Hay políticos a los que les cae como bocanada de aire fresco la tragedia social y económica de Venezuela. Tienen en la escapada hacia delante del gobierno de Nicolás Maduro y sus decisiones autoritarias, su concentración de poder e impunidad judicial; un escenario perfecto para la crítica fácil y la generalización. Disponen de ella como la puesta en escena del fin de una época.

Durante década y media el continente estableció un giro hacia la izquierda resultado, entre otros, de un agotamiento de las políticas económicas aperturistas. En ese espectro, del que Colombia fue la excepción más notoria, vimos presidencias moderadas y radicales, este último grupo liderado por Hugo Chávez, Evo Morales y Rafael Correa. Ahora ese Socialismo del Siglo XXI tiene un entierro vergonzante.

Hoy, con la tragedia en la cara de todos, presidentes y políticos oportunistas salen a criticar lo que por años fue evidente. Que en Venezuela no se respeta la división de poderes, que Maduro anuncia sus deseos autoritarios o que el incremento de la violencia es irrefrenable ante civiles armados para una revolución que se hunde en sangre y llanto.

La crisis venezolana recae en los discursos de Mauricio Macri en Argentina, de Pedro Pablo Kuczynski en Perú, en las arengas de los principales partidos en Colombia en un año preelectoral o en las alocuciones del corrupto Michel Temer en Brasil. “Esa es la izquierda”, dicen mintiendo. “Ese es el futuro que nos espera si caemos en las manos de los que se nos oponen”, repiten como un mantra. Juan Manuel Santos es quizá el caso más patético de todos. Una vez logrado el acuerdo con las Farc, milagrosamente se quitó la venda ante la realidad del otro lado de la frontera.

Algunos de los más destacados líderes de la izquierda latinoamericana facilitan esas diatribas utilitarias. La incapacidad para reprochar los desmanes de Miraflores los convierte en el blanco ideal de las generalizaciones y parecen sobreponer a las convicciones, una lealtad mal entendida. Un silencio que no es neutralidad, sino apoyo al despotismo.

Pero la sociedad venezolana, que debería ser el motivo de todas las preocupaciones, se ahoga en los gritos de auxilio. No sabe en quién confiar. ¿Cuál de las manos que se estira ofreciéndoles ayuda es honesta? Entienden que muchas aparecen con sus golpes de pecho únicamente para usar el fin del chavismo moneda de cambio.