Otro rostro de la crisis
Tras los atentados en Louisiana, Minnesota y Dallas durante una “protesta pacífica” contra la discriminación racial que dejó (irónicamente) cuatro policías blancos muertos, muchos nos preguntamos cómo es posible que estas matanzas hagan parte de una lista cada vez más grande y por el momento interminable.
Aquí se trata de la crisis personal que muchos ciudadanos viven de soledad, odio y poca aceptación de sí mismos. Algo que los hace estallar y buscar la venganza a costa de muertes de muchos inocentes.
Cuestiona que el odio racial sea uno de los principales problemas sociales de Estados Unidos siendo este un país compuesto por inmigrantes desde sus inicios y que en medio de tanta diversidad muchos sigan creyendo la falacia de su condición racial o cultural es lo que determina su personalidad o su futuro.
Ni su dignidad ni su categoría son inferiores a las de quienes llevan a cuestas generaciones atrás de nativos en Estados Unidos. Hay muchísimos ejemplos de inmigrantes latinos, asiáticos o africanos que, en lugar de quedarse anquilosados en el complejo de inferioridad o el resentimiento, han sabido progresar y aportar lo mejor de sí mismos a su nuevo país de residencia.
Pero cuando se seleccionan las personas por su lugar de origen o su color de piel es cuando ocurren hechos tan repudiables como los de la semana pasada.
Me atrevo a decir que los niños criados en ambientes tan hostiles donde crecen con el chip de que valen poco, que la venganza es la mejor salida y que los demás (no importa si son culpables o inocentes) tengan que pagar por las heridas que ellos tienen. Hay que ver cómo en las escuelas públicas las víctimas del bullying son cada vez más y muchas veces los victimarios son los mismos profesores). Todo esto puede tener luego heridas profundas que salen a la luz en actos que vimos la semana pasada y cuya principal víctima es la sociedad y los muchos inocentes que nada tienen que ver con ellos.
Y a esto se le suma la libre circulación de armas, un debate que vuelve a salir a la luz cada vez que ocurren matanzas como esta pero sin soluciones efectivas. Instrumentos tan peligrosos que puedan ser adquiridos y utilizados por personas tan frágiles no pueden dejar resultados muy diferentes a los que hemos visto en el último mes.
La crisis muestra un rostro diferente en Estados Unidos, que es el resultado de la suma de varios factores: fragilidad personal, terrorismo camuflado entre los civiles y libre circulación de armas. Mientras siga esa odiosa selectividad en el ser humano, nuestra sociedad seguirá pagando la factura, cada vez más cara, de muertos que nada tienen que ver con este conflicto.