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Parabienes a todos los inocentes

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28 de diciembre de 2016

Hoy es el día de todos. Hoy es el día de los inocentes. Todos somos inocentes, así que hoy estamos de fiesta por derecho propio. La inocencia es el dato básico, el punto de partida... y de llegada.

Incluso los abogados, jueces y fiscales, entrenados para descubrir la culpa de los acusados, están obligados a comenzar por la inocencia de estos. ‘Presunción de inocencia’, así llaman este prerrequisito de su labor de sabuesos.

Fue Voltaire quien acuñó la máxima que tanto se invoca: “Vale más arriesgarse a salvar a un culpable que a condenar a un inocente”. Este postulado indica que por encima de todo está la inocencia. Que condenar a un inocente es error más funesto que absolver a un culpable.

Para el pensador francés el valor supremo es la inocencia. Esta abunda más, es respetable y digna de toda consideración. La culpa, en contraste, es minoritaria, contiene menos atribuciones a la hora de administrar justicia.

Tal vez la única excepción, en medio del océano de la inocencia universal, sea la de aquellos que se dedican a sembrar en la sociedad la idea de la culpa. Estos cizañeros sí son culpables. Lo son por contaminar el aire y el agua en donde habitan los inocentes.

Los que propagan la mancha de la culpa privan a los inocentes de su seguridad íntima, los desarman en medio de las tormentas del cielo. Infunden el miedo, hacen correr la confusión para tomar provecho. Chupan el tesoro más valioso de la gente, la confianza de haber sido bienvenidos al mundo.

Los demás, la mayoría de mayorías, son quienes hoy celebran su día, los benditos inocentes. Los que intuyen los motivos profundos de sus actos. Aquellos que nunca hacen algo en contra de sí mismos ni de sus personas amadas. Es decir, todos.

Seguramente en ocasiones se equivocan, trastabillan, esquivan la mejor versión de sí mismos. Pero, eso sí, mantienen intacto el brillo de su diamante definitivo. En el balance de sus vidas ganan los puntos positivos sobre los negativos, pues en realidad únicamente existe un punto positivo que es la sólida roca prismática de la personalidad.

Cuando se dice que los colombianos somos los más felices del mundo, se está reconociendo la dureza y terquedad de nuestra inocencia. Por ella nos esforzamos hasta al infinito, por ella somos rebuscadores, por ella en nuestras tumbas siempre habrá flores y cantos y colores.