Columnistas

Paz entre disputas y compromiso histórico

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22 de julio de 2016

Por Roger Zapata Ciro
Universidad de Antioquia
Facultad de Filosofía, 7° semestre
restiv1990@hotmail.com

Confiemos en que el pueblo no se va a equivocar, confiemos en que va a elegir la paz en ese plebiscito del que tanto se habla. Y esperemos que esa confianza en el pueblo colombiano que es, a su vez, una confianza en la posibilidad de la paz, se manifieste en una voluntad popular consciente que le salga al paso a los deseos e intereses mezquinos de algunos políticos que no se hartan del estado de guerra, al interés de aquello que encuentran agradable regar sus tierras –esas que han arrebatado- con la sangre de sus compatriotas. Confiemos, pues, en que el pueblo colombiano superará la polarización política y asumirá un compromiso con su historia. Para ello debemos considerar lo siguiente:

La continuación de la guerra o la consecución de la paz no es un asunto que debamos abordar desde el lugar del espectro político que preferimos. Es decir, como sociedad entendamos que la paz no es la excusa de los “mamertos castrochavistas” para hacer de Colombia el próximo bastión del comunismo en América Latina. Tampoco la continuación de la guerra es preferencia únicamente de los “ultraderechistas, guerreristas, oligarcas”. Muchas veces lo que resulta determinante para tomar posición respecto a este tema no es la militancia política sino, paradójicamente, la falta de uso del sentido común, ese que nos permite comprender que es mejor vivir en paz que en guerra. Más que preguntarnos si la paz es un asunto de izquierda o de derecha, preguntémonos ¿Por qué y para qué debemos darle fin al conflicto armado colombiano?

A esto respondamos: es necesario darle fin al conflicto porque debemos redimir nuestro pasado y así liberarnos de la guerra. Esta respuesta –sin lugar a dudas- es sencilla y genera menos suspicacias y menos resentimientos que cuando politizamos el asunto de la paz. Se trata, entonces, de asumir un compromiso que tiene que ver, más bien, con la redención del pasado fatídico del que hemos sido testigos, un compromiso que es más de índole moral que simple politiquería. Porque la redención del pasado debe entenderse, sobre todo, como esa realización y esa reparación colectivas en el terreno de nuestra historia, con miras a la consecución de la felicidad que nos ha sido tan esquiva. Ese es nuestro deber: reivindicar los anhelos de paz de otras épocas, considerar el sufrimiento de las generaciones pasadas. Como lo sostiene el sociólogo Michäel Löwy citando a Walter Benjamín: “La redención del pasado no es otra cosa que esa realización y esa reparación, según la imagen de la felicidad de cada individuo y cada generación”.

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